La guerra, a su vez, ha dejado una vez más al descubierto la hipocresía y caducidad de las instituciones burguesas en este periodo de fascistización que vive el mundo. Estas van pasando de ser un instrumento que, bajo el mote de la participación "democrática" de los países miembros, orientaba las decisiones trascendentales de la vida política y económica mundial, para dar paso a la aplicación directa de la voluntad de los países imperialistas, con particular acento en los EE. UU., de sus rutas de acción para concretar el reparto del mundo.
Para esto cualifican y logran la mayor sofisticación de los instrumentos y mecanismos de represión y exterminio. La IA es utilizada en los escenarios de guerra con grandes ventajas por los principales ejércitos imperialistas, no solamente contra sus enemigos inmediatos en la confrontación militar, sino contra los pueblos que, por diversas razones, bien sea porque reaccionan ante la acción devoradora del imperialismo, se organizan, resisten y luchan, o simplemente porque están en los territorios que los imperialistas han señalado para sus proyectos de dominación, son arrasados o desplazados por la fuerza y, en última instancia, sometidos a mecanismos de explotación que en algunos casos, como el de Libia, los ha retrocedido a dinámicas esclavistas.
Las fracciones imperialistas de carácter fascista impulsan una nueva institucionalidad a su imagen y semejanza; nada de decoro, asume que no necesita de disimular si tiene el poder de ejecutar. Ejemplo de esto lo podemos observar en las declaraciones del secretario de Estado de los EE. UU., Marco Rubio, el cual expuso que impulsarán una ruta para garantizar el desmontaje de la Corte Penal Internacional, organismo con el cual la administración Trump ha tenido contradicciones; por lo tanto, "merece" desaparecer si no sirve a los propósitos de los EE. UU. Tal es el descaro y la beligerancia con la cual actúan hoy las fracciones fascistas.
Para impulsar la construcción y consolidación de un andamiaje internacional ajustado a sus demandas, las fracciones más reaccionarias del capital financiero, fascistas-sionistas, han desplegado una ofensiva en todos los terrenos; avanzan en el plano político con la conformación y fortalecimiento de partidos políticos que desarrollan programas de sustitución y cuestionamiento a las "debilidades" y "corrupción" de la democracia liberal y el progresismo. Pero esto es solo una pequeña parte de los objetivos de los fascistas; sus planes giran en el exterminio de lo que consideran sus enemigos principales, los socialistas y comunistas. Para no dejar duda alguna sobre estas intenciones, tal como lo hicieron los nazis, con Hitler a la cabeza, Mussolini, Franco, entre otros criminales promotores de la Segunda Guerra Mundial, la administración Trump se ha puesto a la cabeza de una coalición internacional para luchar contra los comunistas. Por comunistas son tomados todos los que cuestionen a los EE. UU e Israel en sus planes de exterminio, el que denuncie daños al ambiente, la guerra, las invasiones, la violación de derechos humanos, las artimañas y falsedad de la llamada lucha contra el narcotráfico; en fin, quien se atreva a hacerle frente al delirio imperialista por dominar el mundo.
Latinoamérica:
Como hemos señalado en anteriores momentos, la fascistización muestra su particular ascenso en América Latina y con claridad se manifiesta en los triunfos electorales de factores con abierta manifestación e inclinación política e ideológica hacia el fascismo. A los comportamientos timoratos e inconsecuentes de los llamados gobiernos socialdemócratas a la hora de enfrentar los retos que imponían las dinámicas protagonizadas por la ultraderecha y fracciones fascistas en nuestro continente, han sucedido una serie de gobiernos encabezados por personajes cuyas campañas se basaron en ofrecimiento escueto de libertad, ensalzar la privatización de servicios públicos y áreas sensibles para los sectores populares, personajes incluso grotescos como Milei y de La Espriella, cuyas declaraciones en público exponen individuos carentes, violentos y ejecutores de un libreto que ve en los sectores populares a sus enemigos, a los que tiene que someter bajo cualquier mecanismo, incluyendo hasta la muerte.
Es la ofensiva del imperialismo en el marco del relanzamiento de
la doctrina Monroe y el objetivo expresado por Trump de hacer realidad el
proyecto de la gran Norteamérica, donde según también debe estar Groenlandia
como parte de los EE. UU. Es la aplicación de la política nazi-fascista del
llamado espacio vital, en la cual se anexaron territorios que consideraban de
gran importancia para los intereses particularmente económicos de la burguesía
ligada a los nazis.
Con esta ofensiva, el imperialismo tiene como objetivo apropiarse de la fuerza de trabajo de millones de trabajadores que por momentos habían quedado, parte de ellos, bajo la égida del bloque China-Rusia. Recuperar el control abierto de estas fuerzas productivas y orientar los beneficios a las manos del grupo de la burguesía fascista sionista que hoy domina la Casa Blanca es parte de los objetivos principales de esta ofensiva económica, política, social, militar que hoy se desarrolla en nuestro continente.
Pero esta ofensiva también ha dejado en claro otro fenómeno que amenaza al movimiento popular y democrático: los efectos de la ofensiva política e ideológica llevada a cabo por años bajo mecanismos de manipulación sofisticada, sostenida y expandida por diversos medios, han generado sus frutos en favor de la agenda del imperialismo en la región. Es un indicador claro de este fenómeno el hecho de que algunas victorias desde el punto de vista político y electoral de personajes como Milei, De La Espriella, Noboa, Kast, Keiko Fujimori han llegado a ser posibles no solo por la aplicación de mecanismos fraudulentos, sino también por el apoyo de una parte importante del pueblo, lo que ha ayudado a maquillar los resultados tras un supuesto respaldo popular masivo.
Un tercer elemento a tomar en cuenta y que significa un reto para esa parte del pueblo que no se deja engañar por las artimañas de los imperialistas y ha decidido resistir y luchar, es el hecho de que las movilizaciones realizadas contra estos gobiernos lacayos y entreguistas no han logrado acumular la suficiente fuerza para frenar o hacer retroceder la ofensiva imperialista.
Por los momentos, la fascistización en ascenso en nuestro continente se expresa en que los gobiernos y representantes lacayos del imperialismo se han logrado sostener, incluso dispersar y dividir al movimiento popular, como en el caso de Bolivia. Un proceso de autocrítica y crítica revolucionaria sincero y honesto, apuntando a dilucidar con precisión y acierto las rutas a seguir e impulsar en la lucha popular y revolucionaria, es urgente y necesario, y los marxistas leninistas debemos asumir con particular actitud este proceso, entendiendo que el momento reclama el empleo de mayores fuerzas y esfuerzos para poder derrotar a un enemigo de alta peligrosidad para la vida y libertad de millones de trabajadores y pueblos de nuestro continente.
El Caribe ha sido ocupado por el ejército imperialista de los EE. UU., sus aliados le han servido la escena no solamente para justificar esta operación que agrede abiertamente la soberanía de diversos países y al mismo tiempo amenaza con expandirse en mayor fuerza en el resto del continente, acudiendo al empleo más agresivo y ofensivo de sus bases militares y paramilitares en la región que en lo concreto están distribuidas por diversos puntos geográficamente estratégicos.
Esas bases además pueden ser apoyo no solo para acciones militares directas, sino que también operan en apoyo a la guerra psicológica, electrónica, inteligencia, propaganda, guerra económica e ideológica; son base de apoyo para los grupos de acción que factores como la CIA y el MOSSAD han construido en los territorios para ejecutar su libreto y ganar a parte de la población sumándola de manera "natural" a su agenda.
La construcción y activación del Frente Popular Internacional en sus diferentes niveles es una tarea urgente. Este es un espacio para desarrollar las acciones unificadas del movimiento popular en la contraofensiva directa contra el imperialismo-sionismo-fascismo, pero a su vez tienen un importante y decisivo papel el incrementar los niveles de concienciación y formación de nuestros pueblos en la construcción de alternativas en lo económico, político, social, en la movilización constante, identificación de las rutas de acción del enemigo, derrotar sus distracciones y artimañas.
Venezuela:
Luego de la agresión militar del 3 de enero, el país ha venido experimentando una dinámica acelerada de cambios adaptados a las orientaciones y requerimientos que ha dictado el imperialismo yankee al gobierno encargado de Delcy Rodríguez, el cual se ha caracterizado por desaparecer en palabra y acción cualquier expresión oficial de reclamo, denuncia y señalamiento a la acción criminal del imperialismo contra la soberanía e intereses nacionales.
La complacencia con la cual ha actuado el actual gobierno, más preocupado desde el 3 de enero por garantizar las exigencias del imperialismo yanqui que otra cosa, ha contribuido en gran medida a que la agenda imperialista se desarrolle casi sin ninguna resistencia más que la de algunas organizaciones populares y sectores del pueblo que con alta preocupación han visto el retroceso acelerado del proceso bolivariano, lo que comporta una amenaza real para la continuidad del mismo en la dirección revolucionaria que originalmente había orientado el comandante Chávez con gran esfuerzo y sacrificio y con logros concretos en avances en lo económico, político y social que logró impulsar con fuerza diversas iniciativas populares, antifascistas y antiimperialistas con amplio apoyo popular con Chávez y con disminución en el gobierno de Maduro, pero sosteniendo este de algún modo la denuncia y lucha contra el imperialismo y el sionismo.
A la tragedia del 3 de enero se ha sumado otra, el doble terremoto ocurrido el 24 de junio, lo cual se ha comportado como un catalizador del avance del imperialismo y el sionismo en el país. Parte de este vertiginoso avance del imperialismo ha venido bajo el disfraz de supuesta "ayuda humanitaria", la cual ha venido acompañada de miles de marines norteamericanos armados hasta los dientes pisando el suelo nacional y estableciéndose en puntos sensibles para la seguridad nacional.
La toma del control del aeropuerto internacional de Maiquetía por tropas de EEUU, el control en la dirección de la "reconstrucción" de Vargas asumida por los sionistas, el control de minas al sur del país por tropas norteamericanas y la clara administración de los recursos provenientes del comercio energético por parte de la OFAC demuestran el nivel del control alcanzado por los yankis sionistas en el país en la actualidad.
El imperialismo habla de ayuda humanitaria, pero demostrando su hipocresía y maña, no ha levantado ninguna de las sanciones que por años impuso al país, contribuyendo a la destrucción de las capacidades del aparato económico. Igualmente, sigue obteniendo grandes ventajas de activos y propiedades robadas descaradamente al país. Trump se ha jactado de apropiarse de 100 millones de barriles de petróleo, que se apoderó para el beneficio del imperialismo yanqui en detrimento de las condiciones de vida y la pauperización enorme del pueblo de Venezuela.
Pero esto a su vez tiene una connotación aún más preocupante: por un lado, a pesar de este claro dominio del imperialismo sionista en la vida del país, la continuidad de la pauperización de las condiciones de vida, la mala situación económica, la creciente inflación, entre otros fenómenos, son percibidos por una parte de la población como causados por el hecho de que persisten en el gobierno factores ligados en un momento al gobierno de Maduro. Es decir, no logran identificar lo nocivo y negativo de la política imperialista que en esencia es causa principal de las terribles condiciones de vida de buena parte de la población.
La política imperialista de robar todo lo que pueda del país y lavarse las manos, por los momentos, le sigue dando resultados beneficiosos al imperialismo sionista, por un lado, por la actitud pasiva del gobierno, y se complementa con una ofensiva administrativa, militar y propagandística del imperialismo para "justificar" la ocupación del territorio venezolano.
El imperialismo-sionismo, no pierde tiempo, avanza acelerado en su agenda de reorganización política en el país utilizando a sus lacayos nacionales para concretar sus objetivos; en este sentido es que se desarrolla la puesta en acción, resurrección de un cadáver político como la llamada Asamblea Nacional de 2015, aspecto que llama la atención, pues incluso el periodo previsto para el funcionamiento de esta asamblea ya caducó en el 2020. Sin embargo, las concesiones sumamente ventajosas en favor del imperialismo que ha otorgado este gobierno temeroso de cualquier confrontación. Contra el imperialismo, el sionismo ha permitido la aplicación de este tipo de adefesio jurídico institucional que no encuentra más justificación que la de salvar el pellejo de parte de la dirigencia a cambio de este tipo de favores que fortalece y posiciona muy ventajosamente a la oposición en todas sus expresiones, incluyendo las fascistas, y esta aclaratoria es necesaria sobre todo para contribuir a aclarar esa retórica perniciosa y en cierta manera manipuladora que pretende convencer al pueblo de Venezuela de que el peligro para el país lo constituyen solo agentes rastreros y serviles del imperialismo como María Corina Machado y no el imperialismo mismo y otros agentes, como la misma Dinorah Figuera, con la cual han llegado a acuerdos formalmente conocidos.
Es a la clara el desmontaje del proceso bolivariano, lo que se maneja con diferentes retóricas para justificarlo. De una parte, se esconde detrás del mote de la paciencia estratégica este tipo de acciones, alegando que no pueden hacer nada más porque deben hacerlo para asegurar la vida de Maduro, que, por cierto, de manera bien preocupante, va desapareciendo del discurso, de las demandas y hasta de la propaganda oficial. Ya es casi una excepción guardada solo para parte del movimiento popular la consigna de liberen a Maduro. Esta casi desaparición de la escena política del presidente Maduro complace en cierta manera a los intereses del imperialismo sionismo.
El movimiento revolucionario ha tenido que luchar contra posiciones oportunistas, entreguistas, parálisis orgánica producto de dudas y temores ante una inconsecuencia clara y estratégica ejecutada por la dirección política del gobierno que antes del 3 de enero había prometido, y casi jurado, desarrollar una contraofensiva de enormes proporciones en caso de que el imperialismo yankee agrediera, como derecho lo hizo al país. Igualmente, se quedó en el olvido y, aun luego de tantos meses, hay una explicación al país por qué la dirigencia que quedó al frente luego del criminal secuestro del presidente Maduro desobedeció de manera abierta y clara la orden que este dio con claridad si el imperialismo llevaba a cabo una ofensiva criminal contra el país como la que ejecutó. Ante esto, el silencio y el empleo de "intelectuales sesudos" para justificar esta inconsecuencia han llenado los escenarios políticos para imponer la línea de que la entrega pacífica de los recursos del país y sus territorios a la administración yanki sionista es la vía correcta para evitar guerras y violencia.
Todo esto, si nos ponemos a ver, ha sido sistemáticamente acompañado de una serie de reformas legales que favorecen la acción de capitales extranjeros en el territorio. Estas nuevas leyes van en contraposición con las planteadas en su momento por Chávez, las cuales daban una importancia central a los intereses y soberanía nacional. El mismo proceso de desmontaje ha implicado una ardua lucha ideológica contra las posiciones liquidacionistas que dominan los espacios en la dirigencia del gobierno. El impacto de esta política en parte de las bases se ha reflejado en buena medida en desmovilización, resignación y justificación ante el abandono de la línea anti imperialista.
Es claro que el impacto de la tragedia ha sido altamente doloroso para nuestro pueblo; esto además ha sido caldo de cultivo para que desde los laboratorios de la propaganda proimperialista y liquidacionista se activen mecanismos de manipulación de las emociones de sectores del pueblo para tratar de neutralizar por diversas vías y maneras cualquier respuesta desde el punto de vista popular.
Se trata de acondicionar, además, recurriendo a la vieja táctica de manipulación a través de algunos espacios religiosos que, como parte de la guerra psicológica, han desarrollado su papel sirviendo de correas de transmisión de líneas claudicantes y distorsionadoras de la acción popular.
El silencio informativo sobre hechos determinantes para la vida nacional, el cambio de la línea discursiva antiimperialista por una colaboracionista, entreguista, el cambio de mapas de alianzas nacionales e internacionales, la misma composición actual de parte del gobierno en sus principales puestos dirigentes no dan muestra de un giro de 360 grados, giro que desemboca en la restauración de mecanismos de sometimiento al imperialismo yankee y sionismo israelí.
Este escenario obliga a las fuerzas populares a acelerar procesos de unidad, alianzas y acuerdos, a la multiplicación de la movilización popular. Es urgente y necesaria promover las luchas en los diversos espacios, la lucha por las mejores condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo, la lucha contra la privatización de la salud, por frenar la privatización del sector eléctrico, educación, la defensa del salario, impedir la desaparición de la comuna como referencia organizativa de lucha y como embrión del estado obrero campesino comunal.
En este sentido, el Frente Popular, como un espacio para promover y cualificar acciones unitarias de las fuerzas revolucionarias, debemos promoverlo, partiendo, primeramente, por comprometer y activar en la realidad inmediata a nuestras referencias. La lucha contra el fascismo exige la mayor capacidad de nuestras fuerzas de identificar los eslabones que fortalecen el accionar efectivo y eficaz de las fuerzas populares.
El desarrollo de los escenarios políticos nos está realizando un examen; tiene en cierta manera un carácter definitivo para la continuidad del proceso bolivariano con visión revolucionaria. Aprobar este examen exige que seamos consecuentes con nuestros espacios organizativos, con las tareas orgánicas. Interpretar de manera acertada el carácter de los cambios, del comportamiento dialéctico de la realidad. Para esto, estudiar científicamente la realidad al tiempo que triplicamos nuestra movilización y accionar entre las masas es una tarea de hoy.
Hemos visto cómo la agresión a Irán, Líbano, Yemen, Gaza, recrudecimiento de agresión a Cuba, demuestra la ruta agresiva criminal del imperialismo. Ante la ofensiva del imperialismo, no es con negociaciones claudicantes que vamos a lograr la liberación de las garras imperialistas. Esto es parte de la lucha ideológica hoy. Por un lado, se le vende al proletariado y los pueblos ilusiones de resoluciones en base a acuerdos de sumisión con la burguesía. Por otro lado, la línea revolucionaria, que, apoyada en los ejemplos legados por la historia de lucha de los pueblos, nos dice que la liberación solo puede ser posible por la acción organizada, beligerante, combativa, revolucionaria del proletariado y los pueblos.
Aquí es fundamental también incorporar a las fuerzas de las nuevas generaciones, pero son estas las más afectadas por la ofensiva ideológica del imperialismo. Es necesario arrebatarle gran cantidad de esta fuerza a las garras de los fascistas. No es esto opcional si queremos mantener y sostener victorias tácticas y estratégicas sobre el imperialismo y el fascismo sionista.

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