Por: S. Martínez.
Es una tarea necesaria, de primer orden, que no se debe postergar, que no se puede aplazar, que el movimiento popular revolucionario del mundo debe continuar realizando, con mayor fuerza, determinación y acción, para que exista humanidad en el planeta.
Desenmascarar al Estado sionista genocida de Israel implica definirlo como la variedad más reaccionaria del fascismo. Se trata del capital financiero ejerciendo todo su poderío de terror contra la clase obrera, el campesinado pobre, los intelectuales, las mujeres, los niños y las familias de los sectores populares. Es decir, que no tiene rostro ni acciones humanitarias; su verdadero rostro es la dictadura fascista, imperialista y sionista, la que impone y destruye con su poderío militar las conquistas económicas, políticas, sociales y culturales del proletariado. Establecer relaciones diplomáticas con el Estado sionista de Israel es pisotear las conquistas democráticas de los trabajadores, de los campesinos; es humillar a los pueblos en su autodeterminación, en su emancipación.
El fascismo sionista ofrece a los trabajadores, campesinos y a los pueblos miseria, hambre, explotación, opresión, torturas, violencia, sangre y esclavitud. Destruye cualquier forma organizativa de la clase obrera, de los campesinos, de las mujeres, jóvenes, de los cultores e intelectuales. La única forma de organización permitida es la de los capitalistas y terratenientes. Porque el único interés es acrecentar sus capitales, sus grandes monopolios, sus groseros privilegios, a costa del sacrificio del proletariado.
El imperialismo fascista sionista es un tres en uno; es una banda de pillos, asesinos y saqueadores de los recursos naturales, que le pertenecen a los pueblos, y no a los gobiernos cipayos. Combatir, cerrar el paso y derrotar al imperialismo fascista sionista es absolutamente posible, y depende de:
Primero, de la combatividad de la clase obrera, de los campesinos pobres, de la juventud, de la unidad de acción en la lucha, de todas las fuerzas comunistas, revolucionarias, antiimperialistas, antifascistas, antisionistas, todas las fortalezas que sumen a la vida, a la emancipación y a la autodeterminación de los pueblos. Por eso la necesidad de los Frentes Populares, que permitan aglutinar todo ese poderío maravilloso.
Segundo, de la existencia de una organización de vanguardia, de un Partido Revolucionario que direccione acertadamente y oriente a los trabajadores de la ciudad y el campo a combatir el fascismo.
Tercero, de aplicar la alianza de la clase obrera con el campesinado y otros sectores. Es deber del proletariado ayudar a otras capas de la sociedad capitalista a superar debilidades, vacilaciones e inconsistencias. Y lograr elevar el grado de conciencia para la lucha revolucionaria.
Cuarto, vigilar, siempre oportunamente, cada paso, cada respiro de ese enemigo, acertarles golpes decisivos, no darle ni un tantico de espacio de nada.
Quinto, Las victorias proletarias se combaten y se conquistan, en cada terreno y en cada espacio de lucha.

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