domingo, 21 de junio de 2026

EDITORIAL, JUNIO 2026

Al proletariado venezolano le corresponde un papel decisivo en el rescate de la soberanía, junto a las capas más avanzadas del pueblo, debemos llevar adelante un proceso organizativo y de movilización para superar el entreguismo y la confusión.

Después de un lapso de retroceso en los beneficios sociales, con saldo totalmente negativo en el aspecto material para los trabajadores, ahora toca al proletariado levantar de nuevo las banderas de lucha, organizar las fuerzas y sumarse al Movimiento por el Rescate de la Soberanía, donde ciertamente se deben incorporar otros elementos sociales con conciencia patriótica, nacional, social o de clase, pero teniendo la claridad de que corresponde asumir un papel fundamental en la vanguardia histórica al proletariado, no por capricho ni dogmatismo, sino porque al luchar por las reivindicaciones económicas, que involucran directa e indirectamente a las masas oprimidas, que se movilizarán organizadamente por el rescate del salario (cambiado por bonos como sacrificio ante el bloqueo y agresión yanqui), por la defensa de la LOTTT, la recuperación de las prestaciones sociales, así como la denuncia del bloqueo, que aún continúa, ahora acompañado de sometimiento y agresión militar imperialista, secuestro del presidente Maduro, robo de nuestros recursos naturales.

La resistencia popular ante semejante atropello debe avanzar amalgamando, junto a obreros, campesinos y comuneros, mujeres, jóvenes, adultos mayores, en un inmenso movimiento que construya el gran torrente para el rescate de la dignidad perdida y la soberanía en proceso de entrega, pero que con acciones valientes podemos revertir.

LA TRAMPA DE LA GUERRA COGNITIVA ENTRE EL PRAGMATISMO Y LA CONCIENCIA REVOLUCIONARIA

Por: E. Sandoval.

En el escenario internacional de hoy, la "guerra cognitiva" ya no es simple propaganda; es una estrategia diseñada para desmovilizar a la sociedad. Su objetivo no es destruir físicamente al adversario, sino adormecer el pensamiento de las mayorías, anulando su capacidad crítica y de lucha. Cuando la presión política externa aumenta, los discursos oficiales suelen reconfigurarse para justificar pactos con el enemigo bajo la excusa del pragmatismo político. Analizar estas narrativas no busca generar divisiones inútiles, sino encender alarmas para que la militancia entienda los riesgos reales que enfrenta nuestro proyecto socialista.

El chantaje de la obediencia

Hoy se utiliza el concepto de "guerra cognitiva" como una herramienta para callar los reclamos del pueblo trabajador. A quienes cuestionamos el rumbo económico y político desde las filas de la revolución, se nos acusa de hacerle el juego al imperialismo. Sin embargo, exigir lealtad, confianza y disciplina mientras se negocia con los enemigos históricos del pueblo sin organizar la contraofensiva, es una contradicción total con la conducta revolucionaria.

Para los sectores reformistas, cualquier crítica es sinónimo de traición. Colocan automáticamente al crítico interno en el mismo saco de la extrema derecha o de los intereses de Estados Unidos. Al borrar las diferencias, imponen un chantaje directo: o te alineas por completo a las decisiones del gobierno, o estás ayudando al imperialismo a sembrar intrigas en el proceso.

Las concesiones y la realidad económica

Algunos voceros oficiales justifican las concesiones no como una rendición, sino como diplomacia de alto nivel para evitar una guerra o el colapso del Estado. Utilizan declaraciones externas —como las de Donald Trump asegurando que evitaría "un nuevo Irak"— para mostrar al gobierno como un actor sensato que pacifica la región.

Bajo este enfoque, la aceptación de licencias de la OFAC, el regreso al Fondo Monetario Internacional (FMI) y los acuerdos con transnacionales petroleras norteamericanas se presentan como "maniobras tácticas inevitables". Argumentan que, ante la crisis y las más de mil sanciones vigentes, no negociar con la administración estadounidense sería un suicidio económico. Sin embargo, la teoría marxista-leninista y la historia demuestran que el FMI y las transnacionales nunca traen paz, sino una mayor explotación para los trabajadores.

Esta narrativa de "paciencia estratégica" o "repliegue táctico" debe mirarse con cautela. Si este retroceso no va acompañado de acciones reales para reagrupar a las fuerzas revolucionarias, podría tratarse de una operación de distracción.

Lecciones de la historia

Nadie niega que un Estado bajo asedio deba maniobrar internacionalmente; el propio Lenin lo demostró al aplicar la Nueva Política Económica (NEP) o al firmar el Tratado de Brest-Litovsk. Sin embargo, quienes comparan mecánicamente la situación actual con la NEP olvidan un detalle fundamental: Lenin jamás disfrazó esos retrocesos como "victorias" ni intentó anestesiar la conciencia de los trabajadores. Al contrario, el liderazgo bolchevique explicó al pueblo, con cruda honestidad, que se trataba de un retroceso temporal impuesto por la realidad, manteniendo intacta la formación política y la movilización de las masas.

La verdadera unidad antiimperialista no se construye desde la obediencia ciega o el silencio cómplice, sino desde una clase obrera consciente, crítica y con capacidad de autoorganización. Ante este panorama, si la estrategia oficial se convierte en retórica vacía, la propia crisis puede transformarse en el motor que impulse al pueblo organizado a profundizar su conciencia combativa, acelerando su organización autónoma y consolidando una independencia política capaz de salvar el proyecto revolucionario de cualquier desvío táctico.

 

 

 

J. DIMITROV, EL FRENTE POPULAR Y EL REACOMODO IMPERIALISTA

Por: R. Toro.

Celebrar el nacimiento del líder comunista búlgaro Jorge Dimitrov no puede ser un acto de nostalgia histórica; debe ser un ejercicio de análisis marxista-leninista aplicado al presente. Dimitrov pasó a la historia por desenmascarar la naturaleza del fascismo como la dictadura terrorista del capital financiero y por legar a la clase obrera una herramienta estratégica fundamental: El Frente Popular Antifascista.

El panorama internacional actual nos muestra un capítulo del fenómeno que Lenin describió con precisión: el reparto del mundo entre las potencias. Los recientes encuentros oficiales en China, primero entre Xi Jinping y Donald Trump, y pocos días después entre Jinping y Vladímir Putin, ponen sobre la mesa las cartas de los bloques que hoy dominan la geopolítica mundial.

El hecho de que tanto los líderes de Estados Unidos como de Rusia hayan acudido a China casi de manera simultánea es un síntoma claro del movimiento de reacomodo imperialista que experimentamos. China, en constante y rápido ascenso económico y militar, reafirma su papel como un eje central en este contexto internacional. Mientras las potencias tradicionales intentan sostener su hegemonía o ganar terreno, el capitalismo en su fase monopolista sigue buscando nuevas zonas de influencia, utilizando la diplomacia para trazar las fronteras de sus intereses corporativos.

SOLO LA LUCHA NOS EMANCIPARÁ DEL IMPERIALISMO Y EL FASCISMO

Por: S. Martínez.

La lucha verdaderamente revolucionaria, organizada, activa y comprometida con los intereses de los trabajadores, de los campesinos pobres, de los sectores populares, estos que en el transcurso de la historia, desde el punto de vista de la lucha de clase, son los que siempre han transitado el camino de sacrificios, desprendimiento, dolor, valentía, firmeza y mucha convicción, de que las batallas decisivas contra el imperialismo, el fascismo y los gusanos que le sirven, se han definido en el terreno directo de las bregas encarnadas, sin reformistas ni oportunistas que defienden asquerosamente sus privilegios. 

Pueblos que van aprendiendo por experiencia propia, viendo y sintiendo las políticas de gobiernos socialdemócratas que sinvergüenza alguna le abre las puertas no solo al imperialismo yanqui, sino también al fascismo, como es el caso reciente, notorio y muy evidente de Venezuela.

Son los pueblos valientes que van pasando de la resistencia a la lucha activa y combativa, que van despertando el ímpetu y con fuerza propia van forjando la UNIDAD entre los iguales, entre los honestos, entre los que sienten y viven en carne propia los ataques del imperialismo en la fábrica, en el campo, en las comunidades, en las universidades.

Es el trabajador, el obrero, estudiante, campesino, comunero, el miliciano, que va emergiendo de ese pueblo explotado, mancillado y oprimido y, como un solo puño de hierro, sin miedo y con coraje va luchando por sus derechos conquistados, por su lugar en la historia revolucionaria, por su emancipación.

Porque los pueblos resteados, junto a su organización de vanguardia, lograrán a sangre y fuego la victoria revolucionaria. 

 

LUCHA IDEOLÓGICA EN EL ACTUAL PERIODO DE OFENSIVA IMPERIALISTA

Por: L. Aponte.

Desde el punto de vista de clase, los comunistas marxistas leninistas planteamos la destrucción revolucionaria del actual Estado burgués; para esto es necesaria la toma del poder político para la liberación nacional, democracia popular y el socialismo.

El escenario actual, posterior al 3 de enero, ha sido de confusión entre las grandes masas y, por supuesto, dentro de la izquierda del quehacer ante el actual momento, caracterizado por el avance del proceso de fascistización a nivel internacional y, por supuesto, a nivel nacional, ya que después de la agresión imperialista donde lograron el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, todas estas series de hechos están conduciendo al control por parte del imperialismo norteamericano, ya que poco se han ejecutado acciones políticas y organizativas para la resistencia popular; más bien al contrario, se ha entrado por parte del gobierno en una fase de colaboración abierta con los agresores imperialistas en el supuesto plan de la paciencia estratégica.

Todo esto en el marco de la lucha de clases es un caldo de cultivo para la lucha ideológica, en la cual se emplean grandes cantidades de recursos propagandísticos que buscan seguir confundiendo al proletariado y a nuestro pueblo por parte del imperialismo y la burguesía tradicional, la burguesía emergente y la pequeña burguesía; todos ellos emplean sus plataformas tecnológicas y sus palangristas, los llamados influencers, para plantear sus programas políticos y someter a nuestra clase y, por supuesto, al pueblo venezolano.

domingo, 14 de junio de 2026

RESOLUCIÓN POLÍTICA DEL PCMLV, PLENO EXTRAORDINARIO, junio 2026

El fenómeno del reparto del mundo entre las potencias imperialistas ha tenido un capítulo muy particular con los encuentros oficiales realizados en China entre Xi Jinping y Trump y luego entre Jinping y Putin. Pero estos dirigentes mundiales fueron a esta cita, acompañados de una gran cantidad de empresarios vinculados a diferentes transnacionales, destacando aquellas que están vinculadas a la tecnología, a la industria militar. Ambos encuentros se dieron con pocos días de diferencia y, en concreto, pusieron sobre la mesa las cartas más importantes de las principales potencias imperialistas en la actualidad.

Entre los elementos destacables debemos nombrar el hecho de que ambos encuentros fueron en China, algo que se puede interpretar como un síntoma del movimiento que experimenta en la actualidad el fenómeno del reacomodo imperialista, por el hecho de que dos potencias del calibre de Rusia y los EE. UU. fueron a este país casi de manera simultánea. Este país, como sabemos, está en vertiginoso ascenso, cuyo papel en el contexto internacional se reafirma con estos últimos acontecimientos.

Es también importante destacar que cada uno de los presidentes fue acompañado de una gran comitiva compuesta por empresarios de algunas de las transnacionales que dominan los mercados de la tecnología en el planeta, u otras ramas de producción y negocios de grandes transnacionales.

Poco pudieron lograr en lo planificado para el ámbito económico, básicamente porque esto implicaba ceder algunas ventajas en los terrenos que dominan. Por ejemplo, NVIDIA quería acceder a parte de la tecnología de las empresas chinas de chip. En otras palabras, las barreras propias de las patrañas de la dinámica capitalista se convirtieron en un obstáculo para avanzar en un campo de batalla donde el objetivo es timar al contrincante.

Putin afirmó que Rusia continuará con el suministro de petróleo y gas a China, además de llegar a acuerdos en desarrollo de rutas de transporte y logística, todo esto con la intención de cualificar el ascenso de la velocidad de compra y venta de mercancías entre las dos potencias imperialistas. Las delegaciones estuvieron trabajando posibles acuerdos en el ámbito de las energías renovables y metales críticos, entre otras cosas, además de continuar avances sobre la IA, lo que de alguna manera está relacionado de una u otra forma con la cadena productiva que permite el desarrollo en este aspecto. Acordemos que en esto último China ocupa el primer lugar en producción y procesamiento de las llamadas tierras raras, lo que le otorga una buena ventaja con respecto a EE. UU. en la lucha por el dominio sobre la producción, distribución y comercialización en este sector.

Frente al comportamiento agresivo, frontal de los EE. UU. que muestra su intención de ir a por todo, los imperialistas rusos y chinos tratan de impulsar una línea en la que, eufemísticamente, bajo el concepto de estabilidad estratégica, invitan a los EE. UU. a evitar confrontaciones y "repartirse" el mundo con menos violencia, en un marco de "respeto" de los convenios internacionales. Ideológicamente, se presentan como iniciativas de "avanzada", se presentan como alternativa promoviendo un mundo multipolar, asumiendo así que no se debe superar al capitalismo, sino lograr acuerdos para construir "equilibrio" entre las potencias imperialistas, regulando su voracidad con reglas "respetadas" y asumidas por los países que se reparten el mundo. El bloque China y Rusia ha hecho énfasis no por acabar con el sistema de explotación y miseria que aqueja al planeta, sino por regular esto mediante acuerdos "aceptables" para todos. En conjunto declararon que los planes manifestados por los EE. UU. al anunciar su intención de impulsar el proyecto cúpula dorada traerán consecuencias negativas para la seguridad mundial. Ratificaron su intención de seguir impulsando un músculo comercial sostenido en acuerdos de cooperación industrial.

Así mismo, ambos gobiernos señalaron como negativo los avances de los EE.UU en cuanto a la militarización del Ártico, donde pasos como el dominio de Groenlandia son parte de una serie de acciones de control estratégico territorial, al mismo tiempo que ratificaron su apoyo al cese de la agresión de EE. UU. e Israel contra Irán, un punto donde Trump y su comitiva pretendían obtener mayores avances, esperando el debilitamiento de la posición de Rusia y China, no brindar apoyo a Irán con tecnología de última generación. Por cierto, aquí con respecto al dominio militar en el Ártico, los EE. UU. pretenden avanzar para tratar de mermar la actual hegemonía en el área por parte de Rusia, lo que estratégicamente comporta una ventaja para este país en caso de que en un futuro muy cercano se desarrollaran confrontaciones militares en este punto geográfico, siendo aquí esta una región donde se concentrarán parte de los esfuerzos de las fuerzas imperialistas en la actualidad por lo estratégico a la hora de un conflicto militar de gran envergadura entre las principales potencias imperialistas.

Ahora bien, ¿Qué quedó luego de los encuentros entre los principales representantes de las potencias imperialistas? Por un lado, sigue el desarrollo de la guerra en Irán, siguen sus campañas de exterminio contra los pueblos del Líbano, Gaza, con intervenciones de ambos bandos, clara intervención de Israel para boicotear cualquier acuerdo de paz que pudiera significar la merma de apoyo militar y financiero por parte de los EE. UU., decantando esto en un debilitamiento de la capacidad ofensiva de Israel y desnudando su gran dependencia del apoyo de los EE. UU. para sostenerse con capacidad de respuesta en el Medio Oriente.

Esto es una de las razones principales por lo cual lo sionistas que hoy gobiernan a Israel hacen todo lo posible porque no se concrete ningún acuerdo aun cuando estos claramente tengan una serie de grietas por los cuales se pueden romper en cualquier momento.

Por su parte, las fuerzas militares de Israel desarrollan diferentes ataques, violando todo tipo de acuerdos internacionales y en función de sus propios objetivos enmarcados dentro del proyecto de la “gran Israel”, que no es más que anexionarse (robarse) los territorios de otros países vecinos bajo cualquier pretexto, aprovechando la inoperancia e inutilidad de instituciones internacionales que solo se limitan a expresar observaciones tragicómicas. El sionismo, que también tiene una profunda influencia en el gobierno de los EE. UU., en sus decisiones centrales, sobre todo aquellas que implican fortalecer su dominio sobre las principales rutas a nivel mundial.

En este sentido, el dominio de los espacios sensibles del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha significado un duro golpe para las pretensiones de los EE. UU. y sus socios, particularmente Israel, que hace todo a su alcance para evitar cualquier acuerdo de paz que ponga en peligro sus proyectos de guerra que favorecen a sus industrias militares.

Pero las cosas no les han salido bien a los EE. UU. y sus socios del todo. Las respuestas de Irán han complicado en gran medida los objetivos del imperialismo yankee y el sionismo en la región. Preparados por décadas, los iraníes han puesto en práctica los planes de contingencia previstos para estas ocasiones, obteniendo resultados que se han traducido en capacidad de resistencia. El asesinato de varios de sus principales dirigentes no los debilitó lo suficiente, y el empleo de una táctica de guerra asimétrica en lo tecnológico, utilizando tecnología mucho más barata en comparación con la empleada por los EE. UU. e Israel, les ha alcanzado hasta el momento para asestar duros golpes directos e indirectos a sus contrincantes. 

Aquí ha estado otra de las claves de la ofensiva iraní: el accionar con ataques directos contra los países que fungen como aliados de los EE. UU. Israel en la región, particularmente aquellos que han prestado sus territorios para desarrollar ataques contra Irán. La precisión, letalidad y sensibilidad de los golpes propinados han reducido la beligerancia de estos países, lo que se traduce en otra debilidad de la colisión yankee-sionista.

Llama la atención las declaraciones realizadas a través de un escrito por personajes como Robert Keagen, el cual fue uno de los principales lobbistas para promover la expansión de la guerra con Irán. Este ha declarado que el control del estrecho de Ormuz por parte de Irán, comporta un elemento de importancia como tener un programa nuclear, y expone que la guerra contra Irán está perdida por parte de los EEUU. Es decir, factores de la burguesía ligados a los monopolios exacerban sus contradicciones.

Podemos decir que este tipo de declaración ya comporta una grieta en la línea propagandística del imperialismo yankee, dirigida a dar la impresión de invencible ante el mundo en general y sus ciudadanos en particular, tratando así de calmar a la opinión pública, sobre todo cuando está a meses de las elecciones de medio término que pueden traducirse en un golpe político de importancia para Trump, si sus aliados sufren un revés sustentado en el creciente rechazo que tiene ante el propio pueblo de los EE. UU., fenómenos como estos pueden incidir para asegurar un resultado negativo que sea combustible sobre el fuego de la inestabilidad social política que viene acechando a ese país.

ÁFRICA:

Cada factor imperialista emplea diferentes tácticas y rutas para sostener o aumentar su dominio sobre pueblos y territorios, y en esto también han concentrado parte de sus esfuerzos países imperialistas de segundo orden como Francia, que intenta retomar su control sobre países del continente africano utilizando también a sus proxis terroristas, a quienes apoya con tecnología de última generación que proporciona junto con información de inteligencia a grupos para operar con mayor eficiencia. Ejemplo de esto lo hemos visto con toda claridad en Mali. En las últimas semanas, donde por cierto otros grupos paramilitares, en este caso el llamado grupo Wagner, que obedece a intereses e instrucciones de Rusia, empleó sus capacidades para detener a los yihadistas en Mali y sostener al gobierno de ese país, lo que da ventajas a Rusia para seguir avanzando en el continente.

Pero no solamente Mali es un territorio donde viejos dominios imperialistas buscan sostenerse a toda costa contra actores emergentes como Rusia y el avance de fuerzas nacionalistas, patrióticas y progresistas, como es el caso de Burkina Faso, cuyo presidente, Toure, se ha convertido en una referencia en el continente y en el mundo de resistencia antiimperialista, aun cuando es vetado por los principales monopolios de la comunicación en el mundo. No deja de ser esto un punto importante e interesante que puede servir para que se fortalezcan otras iniciativas parecidas en la región. A pesar de que Rusia trata de aprovechar estas situaciones en el continente para reafirmar su rol de potencia, estrechando vínculos con estos gobiernos, brindándoles apoyo a través de contratistas, asistencia técnica militar, no deja de ser importante que este gobierno, el cual ya ha tenido sus encontronazos y señalamientos con países que no ven con buenos ojos el desarrollo de estas experiencias que expresan deseos de superar la histórica tutela y dominio del imperialismo francés en este caso. 

Este continente tan vilipendiado, expoliado y explotado por siglos sigue en pie de lucha, a pesar de que sigue en el ojo del huracán.

Israel también está operando en la región dando apoyo a una creación hecha a la medida del imperialismo; se trata de Somalilandia, una iniciativa que en lo concreto trata de robar un pedazo de territorio a Somalia, país desbastado por la guerra y la hambruna y que, al ocupar un lugar geográficamente clave como el llamado cuerno de África, se ha convertido en objetivo del sionismo, el cual, aliado con los Emiratos Árabes Unidos, lleva a cabo una iniciativa de control de sus recursos y sus rutas.

AMÉRICA LATINA:

Nuestro continente no escapa a la ola de fascistización que está sacudiendo al mundo en la actualidad. La victoria de Asfurra, agente imperialista en Honduras, rodeada de una gran cantidad de hechos irregulares antes, durante y después del desarrollo de la jornada electoral, ha sido otro escalón que avanza representantes pro-yankee en la región, desalojando del poder a un gobierno que mostró comportamientos en ocasiones fuera del libreto que los EE. UU. intentan imponer. Era un gobierno democrático que, en los momentos de agudización de las contradicciones en el marco de la contienda electoral, denunció a los EE. UU. y sus artimañas para manipular los resultados.

El otro caso fue Chile, país que, luego del golpe de Estado fascista de 1973, experimentó la destrucción y aniquilación por vía violenta de buena parte del movimiento popular y revolucionario, experimentando así una derrota estratégica que sigue pesando mucho hasta el día de hoy, donde las fuerzas de izquierda no se han podido recuperar del todo y las fuerzas de derecha, incluyendo las más reaccionarias, han logrado mantener el control del poder político sosteniendo una arquitectura política heredada de la dictadura. En este contexto, triunfó el fascista Kast, el cual bien pronto aplicó medidas contra los intereses de buena parte del pueblo y los trabajadores, lo que ha tenido sus respuestas con la movilización del movimiento popular. Particularmente, jóvenes del movimiento estudiantil de ese país llevan a cabo jornadas de protestas, tomando calle y enfrentando a las fuerzas represivas de un gobierno cuya agenda a favor de los intereses del gran capital es clara. 

Si vemos en el continente, y particularmente en América del Sur, los avances de la fascistización, lo podemos notar en el desplazamiento por diversas vías de gobiernos progresistas.

Por ejemplo, de todos esos procesos de gobiernos democráticos y progresistas, con expresiones patrióticas, se mantiene el gobierno de Colombia, con ambigüedades momentáneas, propias de un contexto en este país y de las connotaciones políticas de Gustavo Petro. Debemos recordar que en Colombia, el narcotráfico y su brazo armado, el paramilitarismo, han conservado un poder económico, social y de fuego considerable que se sostiene y mueve sus diversas fichas para impedir la victoria del candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda.

En este sentido, es importante resaltar que el pasado domingo 31 de mayo se efectuó la primera fase de las elecciones presidenciales en Colombia. Todo el aparataje, recursos y fuerzas del paramilitarismo y sectores conservadores, reaccionarios, particularmente los relacionados con el uribismo, fiel representante del fascismo proyankee en Colombia, hicieron todo lo posible para dejar sin opciones al candidato Iván Cepeda, de anular cualquier posibilidad de triunfo de su opción política apoyada por el Pacto Histórico, el cual está integrado por diversas organizaciones de izquierda, centro izquierda y progresistas. Hay que destacar que se suma a los esfuerzos por detener un posible triunfo del candidato Cepeda la reciente artimaña, como la de la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Colombia, la cual ordenó la "suspensión" del presidente Gustavo Petro de su cargo hasta el 21 de junio, por el supuesto de participar en la campaña electoral. Esto se suma a las intervenciones del propio Trump a favor del candidato de ultraderecha de la Espirella, lo que demuestra que las fuerzas más reaccionarias hacen y harán todo lo posible para impedir que gane una opción electoral de la izquierda.

El triunfo de Cepeda en Colombia no solo impactaría en ese país, sino que significaría un importante revés para las fuerzas proyankees en la región, además de que sería un hecho que frenaría por los momentos la escalada de la fascistización galopante en el continente.

El escenario colombiano, este 21 de junio, representará un elemento de interés y muy influyente para las connotaciones que tomarán las próximas manifestaciones de las contradicciones económicas, políticas y sociales en el continente, toda vez que Colombia, de sostenerse el pacto histórico en el poder, puede fortalecerse como una referencia de resistencia y lucha para el continente, tan urgido de un catalizador en dirección a la unidad latinoamericana en lucha contra el imperialismo yankee y contra la fascistización que este pretende imponer por la vía de la violencia imperialista a los pueblos de América Latina.

Al destacar lo antes expuesto, lo hacemos también considerando la vasta y rica experiencia del pueblo de Colombia, que por décadas ha enfrentado las expresiones más criminales del imperialismo yankee en su propio territorio. Para esto, el desarrollo de diversas experiencias de lucha popular antiimperialista, entre las que se encuentran la lucha guerrillera, cuenta hoy con gran relevancia, aún más cuando el proceso de fascistización liderado por el imperialismo yankee y el sionismo tiene entre sus objetivos someter por la fuerza, anular y aniquilar las expresiones de lucha por la soberanía, liberación nacional y el socialismo en el continente.

En este mismo sentido, toman una gran importancia los acontecimientos en Bolivia, donde parte del pueblo salió a las calles a manifestar su gran desacuerdo con la agenda impuesta por el gobierno de Paz Zamora, la cual va en dirección contraria al pueblo trabajador. Las movilizaciones y trancas de vías aún siguen a pesar de la represión. La movilización del pueblo boliviano comporta una gran motivación para el pueblo y los trabajadores del continente. Toda vez que pronto se reorganizaron las fuerzas populares luego del triunfo electoral de Paz Zamora, que apenas ganó la presidencia de ese país, salió corriendo a buscar instrucciones de sus amos imperialistas en los EE. UU.

Nuestro reconocimiento y respaldo al pueblo de Bolivia que resiste y lucha contra el imperialismo y enfrenta hoy a la maquinaria represiva del gobierno proyankee de Paz Zamora.

Igualmente, tenemos que resaltar una vez más una nueva agresión contra el valeroso pueblo de Cuba. El imperialismo, con su pandilla fascista en el gobierno, se ha puesto el objetivo de asestar nuevos golpes certeros para acabar con el actual gobierno en Cuba e imponer un gobierno títere a su medida, lo que le garantizaría sumar este punto estratégico que es Cuba, en favor de su mapa estratégico para la guerra. EE. UU. ve que, si se apodera de Cuba, su hegemonía en el Caribe se consolidaría de una manera estratégica. Además, encaja esta pieza en el rompecabezas de su proyecto imperialista de la gran América del Norte, en el que pretende anexionarse por vía de la fuerza a diversos países para sus propósitos. Pero, aunque no cuenta con la potencia militar de Irán, el pueblo de Cuba sí cuenta con una vasta experiencia de resistencia y lucha, y esperamos que el imperialismo, si se atreve a agredir militarmente a este pueblo una vez más, obtenga una derrota, que pueda ser estratégica para acelerar las debacles del imperialismo yankee.

VENEZUELA:

La administración Trump ha dejado en claro su condición de piratas mafiosos y fascistas. Particularmente en Venezuela, en eso de los sucesos del tres de enero, hemos sido testigos de los descarados métodos de explotación que aplica el imperialismo para apoderarse de los nuevos territorios de los países. El descaro con el cual se están robando el dinero proveniente de la venta de petróleo venezolano es característico de la banda fascista que hoy gobierna la Casa Blanca.

Hay que detenerse un momento y ver la dimensión que comporta el hecho de que el pueblo de Venezuela hoy es víctima de un proceso de saqueo de sus recursos de grandes dimensiones, llevado a cabo por una jauría fascista hambrienta de dinero que sostenga los gastos de sus aventuras guerreristas en diversas partes del mundo.

Cuando el tres de enero los fascistas de la Casa Blanca secuestraron al presidente Nicolás Maduro, lo hicieron como parte de una operación de múltiples objetivos; uno de ellos era tomar control de la dinámica de los recursos económicos provenientes de la venta de petróleo, igualmente tomar control de aspectos y espacios sensibles para la seguridad y economía del país, al mismo tiempo neutralizar o aniquilar las capacidades orgánicas y de movilización de las fuerzas populares revolucionarias. Con esto intentarán ejecutar uno de sus objetivos centrales, el cual consiste en aniquilar las bases del proceso bolivariano, el cual en su desarrollo ha llegado a ser referencia de resistencia y lucha para los pueblos de América Latina y el mundo al plantear la necesidad de avanzar en dirección a superar modelos de gobiernos impuestos por el capitalismo para el sometimiento de los pueblos. Por tanto, acabar con el proceso bolivariano sería una forma de reafirmar su hegemonía en el continente imponiendo la Doctrina Monroe.

Aquí está otro elemento a destacar: las acciones de aniquilamiento de las bases del proceso bolivariano se han querido presentar en forma fraudulenta por parte del imperialismo yankee, como un proceso "pacífico". Aquí está una trampa, muy peligrosa para el pueblo en general y el movimiento popular en particular. Esta consiste en que en la actualidad el imperialismo yankee y la dirigencia del gobierno encargado de Venezuela usan eufemismos y recursos comunicativos que tratan de esconder la gravedad de la situación que vive el país, intentan desalentar las iniciativas de resistencia y lucha en defensa de la soberanía nacional, la lucha antiimperialista; incluso se usan mecanismos para acallar la crítica que proviene de parte del movimiento popular, descalificándola y utilizando artimañas, llegando incluso al extremo de utilizar mecanismos que quien critica de manera casi que obligatoria es un "agente de la CIA", sin distinguir entre las observaciones revolucionarias y aquellas que se puedan hacer perniciosamente.

Ante esta situación, la actitud de los dirigentes del gobierno de Venezuela ha sido cumplir la agenda impuesta por el imperialismo, alegando que están bajo amenaza de nuevas operaciones. Esto lo hacen asumiendo acciones que dejan claras evidencias de contradicciones e inconsecuencias con la ruta de construcción popular de un proyecto político que se caracterizaba por confrontar de manera clara en diversos sectores contra el imperialismo yankee al menos en el discurso. Hoy a esta política antiyankee se le ha dado un vuelco por un discurso de conciliación, a la vez que se asume un silencio comunicacional que impide conocer con mayor asertividad y precisión aspectos que ilustrarían de mejor manera los alcances y los avances de las operaciones del imperialismo yankee en el país luego del 3 de enero.

Estamos en un proceso acelerado de reacomodo imperialista; este se apoya en la fascistización, la guerra, que se apoya a su vez en el fortalecimiento del capital financiero ligado al complejo industrial militar. Sus ansias de grandes ganancias, su actividad devoradora de vidas, destructora de pueblos, solo puede ser frenada con disposición de lucha. Esto requiere cualificar los mecanismos de organización, enfocar los esfuerzos en la lucha contra el imperialismo y en particular el fascismo, haciendo esfuerzos extraordinarios por concretar y fortalecer mecanismos para la unidad y alianza de las fuerzas antiimperialistas, multiplicar la movilización en lucha y defensa de las conquistas de los trabajadores y el movimiento popular, enfrentar en la práctica el debilitamiento y desmontaje del proceso bolivariano, reafirmar que el imperialismo yankee es el enemigo y amenaza principal que hoy tenemos los pueblos del mundo. Esto comporta fortalecer la labor de educación política, acelerar procesos orgánicos para enfrentar con éxito la lucha de clases en lo económico, político e ideológica, confrontar y neutralizar todas aquellas iniciativas que persigue dispersar y desmovilizar al proletariado y al pueblo.

Se exponen diversas justificaciones para no accionar con mayor beligerancia; se asume también el empleo de una serie de intelectuales, los cuales se han dado la tarea de justificar y presentar como correcto la inacción, la permisividad, que se ha adoptado luego de la criminal agresión del imperialismo yankee contra nuestro país el pasado 3 de enero.

Otro elemento a destacar ha sido el cambio significativo en la ruta de las relaciones internacionales, en lo que respecta a las alianzas económicas y políticas que ahora van en camino abierto a favorecer los acuerdos con elementos que en lo internacional ejecutan una agenda ajustada a los intereses del imperialismo yankee en su mayoría, dejando en la sombra las relaciones con países como Cuba e Irán, y bajando considerablemente la intensidad sostenida en el gobierno de Chávez y Maduro en relaciones con países como China y Rusia.

Analizar con asertividad estos fenómenos comporta un reto para los revolucionarios de este país. Más aún cuando fue público y notorio que por años se habló y orientó al país y a sus habitantes sobre la disposición del gobierno a asumir junto al pueblo como elemento vital, estratégico, la defensa del territorio ante cualquier agresión militar imperialista, se habló de la justeza de la guerra popular de resistencia, se hicieron ejercicios para convencer al pueblo de la necesidad de desarrollar consecuentemente esta iniciativa para la defensa de nuestros intereses como pueblo. Todo esto se hizo reconociendo el gran poderío militar del imperialismo y su cualidad criminal que iba a estar orientada a tratar de causar la mayor destrucción posible en caso de negativas y conducta digna de rechazar someterse a sus intereses. Pero no era solamente una acción desde el punto de vista ideológico; Chávez y Maduro desplegaron enormes esfuerzos para demostrar además que la lucha antiimperialista, desligarse del dominio del imperialismo yankee particularmente, no era un problema de elección, sino una necesidad de supervivencia como país libre y soberano.

¿Luego del 3 de enero que hemos tenido? Una actitud y acciones totalmente contrarias a las anunciadas. En vez de confrontación contra el invasor, se le ha tendido alfombra roja a su comitiva, que con cinismo exige y hace alarde de anuncios de manejos y control de parte de nuestros recursos al tiempo que no existen comunicados oficiales de parte del gobierno nacional que desmientan o aclaren. En vez de multiplicar y cualificar la comunicación con el pueblo, se hacen esfuerzos por callar las observaciones críticas, recurren alegremente a señalar negativamente cualquier alerta, cualquier crítica que no vaya en dirección a justificar y ratificar la línea oficial. Se justifican silencios informativos señalando que es un momento muy delicado, pero justamente por esta razón la claridad, honestidad de la comunicación con el movimiento popular en particular y con el pueblo en general sobre situaciones centrales, determinantes para la vida económica, política, social del país, es urgente y necesaria.

El pueblo de Venezuela sigue sometido a diversas expresiones de la guerra, en lo económico, militar, político, comunicacional, cognitivo. Los campos de operaciones son variados, pero es coincidente que se trata de borrar el carácter de clase; tratan de disminuir la beligerancia revolucionaria, la movilización popular. Por un lado, el imperialismo, que tiene en claro que la exacerbación de la lucha ideológica es expresión de las agudizaciones de las contradicciones de clase. Para imponerse, el imperialismo recurre a sus medios de comunicación, a sus instituciones construidas con basamento científico por años. Por otro lado, está el factor de la socialdemocracia, que también cuenta con una cantidad de instrumentos también sofisticados para acallar la crítica, demoler las opiniones contrarias a sus propósitos, pero además con una actitud donde prefieren concentrar sus fuerzas y esfuerzos en ceder ante la presión imperialista en vez de enfrentarlas.

Pero ante este panorama, ¿tiene el proletariado y el pueblo que se dispone a seguir luchando y resistiendo posibilidades de victoria? La respuesta es obvia, por supuesto que sí, pero esto requiere superar visiones organizativas que, lejos de catalizar la acción revolucionaria, la ralentizan. Es necesario superar las posiciones derrotistas, sin desesperación, pero tampoco con una lentitud que amenaza con llegar muy tarde a las tareas que demanda el momento.

Requiere seguir asumiendo con mucha seriedad las tareas de la construcción orgánica de la resistencia popular antiimperialista, construir los espacios de unidad para la lucha popular.

Asimismo, es necesario entender que lo delicado del momento también consiste en una dinámica que, lejos de movilizar a las fuerzas populares con claridad contra el imperialismo, ha optado por la quietud, en nombre de "ganar" tiempo, pero cada minuto que pasa sin fortalecer la orientación hacia la resistencia antiimperialista, sin alterar el orden impuesto por los agresores, va sirviendo a los planes de tres fases revelados por el imperialismo, y no hace falta ser muy entendido para llegar a la conclusión de que el éxito del imperialismo en sus planes sería el aniquilamiento del proceso bolivariano.

Para los revolucionarios que sabemos que no hay salida favorable bajo la opresión imperialista, debemos entender que el asedio y sometimiento que vive hoy el país solo significará mayor pauperización. Ante los anuncios abiertos de supuesta prosperidad, de mejoramiento de las condiciones de vida de la población que no son más que una campaña fraudulenta hecha por Trump y por el imperialismo yankee y algunos factores de la ultraderecha como lacayos nacionales, tenemos que aclarar que hay una situación social aún más precaria. Los trabajadores en general siguen experimentando condiciones muy difíciles en lo económico, político y social, y factores del empresariado nacional presionan para que se hagan realidad cambios en la ley del trabajo para adaptarla a sus intereses. Las sanciones contra el pueblo de Venezuela siguen vigentes en su totalidad.

C.C del PCMLV junio 2026

¡EL SOCIALISMO SOLO SE CONSTRUYE CON LA ALIANZA OBRERO-CAMPESINA EN EL PODER Y EL PUEBLO EN ARMAS!


sábado, 23 de mayo de 2026

BURÓ POLÍTICO DEL PCMLV, mayo 2026

SIGUE AVANZANDO EL PROCESO DE FASCISTIZACIÓN A NIVEL MUNDIAL.

Vivimos una situación muy especial que está siendo marcada por el avance acelerado del proceso de fascistización promovido desde gobiernos reaccionarios y desde el movimiento internacional de extrema derecha, que se fortalece ante la imposibilidad de la socialdemocracia para resolver problemas básicos de las mayorías y su debacle política electoral, mientras la izquierda revolucionaria aún no logra ser una real alternativa de masas.

Es claro que el capital —principalmente los representantes del capital financiero— está avanzando en el control de las diversas ramas de la economía, imponiendo sus intereses por medio de diversos mecanismos a toda la sociedad y buscando imponer la subordinación a los gobiernos y el dominio de los mercados a nivel mundial.

Para el logro de sus objetivos hegemónicos, el capital financiero recurre a las tendencias más reaccionarias; y por esa razón vemos cómo el imperialismo se impregna cada día más de las ideas fascistas y, especialmente, de su tendencia más violenta y criminal, como es el sionismo. 

Asume justificaciones mesiánicas para atropellar a pueblos enteros, justificar genocidios y crímenes atroces, y normalizar la apropiación de territorios y riquezas, como hacen los israelíes en Palestina y Líbano, o los Estados Unidos en Venezuela, por nombrar solo algunos ejemplos recientes.

Producto de esa alianza perversa entre expresiones fascistas tradicionales del capital financiero y las nuevas expresiones sionistas, surgen políticas extremadamente violentas que ignoran las más elementales normas convivencia entre las naciones o dentro de sus países, recurriendo a la agresión brutal de la dictadura extrema del capital contra el trabajo, del imperialismo fascista sionista contra la clase obrera y los pueblos. 

Este fenómeno criminal, impulsado por los gobiernos de extrema derecha, no es algo nuevo ni tampoco surge espontáneamente; es una de las respuestas de la burguesía ante el impacto de la crisis general del capitalismo y sus crisis cíclicas, que generan grandes problemas dentro del sistema de explotación burgués y lo llevan por el camino de su debacle interna debido a la descomposición del modo de producción capitalista. Ante lo cual, el robo de las riquezas de otros países, la explotación extrema de la fuerza de trabajo y la apropiación arbitraria de los mercados son las formas que le quedan para oxigenar un sistema exhausto y en situación de crisis extrema.

En la búsqueda de la supervivencia del imperialismo como forma de expresión actual del modo de producción capitalista, los burgueses deben recurrir a las guerras de agresión y despojo; por lo que promueven el avance acelerado de la militarización, la opresión nacional y la superexplotación de la clase obrera como mecanismos para tratar de superar su crisis. Para ello, requieren potenciar el aparato industrial militar y el saqueo directo, sin ocultar sus verdaderos objetivos debido a la urgencia de buscar paliativos a la profunda crisis que los afecta. Su primera víctima es el proletariado migrante y los países dependientes, a los cuales someten, invaden y saquean sin respetar norma alguna.