La juventud se levanta contra las políticas de los capitalistas
Las calles y plazas de
Europa y de otros continentes son escenario de una oleada de protestas
juveniles. En las últimas semanas se han registrado movilizaciones en más de 25
países, expresión de un descontento que, aunque parte de reivindicaciones materiales
concretas, refleja contradicciones sociales profundas que responden a la
naturaleza del sistema capitalista-imperialista imperante.
La juventud ha vuelto a
situarse en la primera línea de la lucha. En Francia, las protestas
estudiantiles contra el deterioro de la educación, la falta de docentes y los
recortes presupuestarios dieron paso a movilizaciones más amplias, con la
incorporación de universitarios, maestros, trabajadores y otros sectores
populares. La consigna «¡Presupuesto para la educación, no para las armas!»
sintetiza una cruda realidad: mientras los gobiernos incrementan el gasto
militar, reducen los recursos destinados a atender las necesidades de la
población. Esos mismos reclamos levantan los jóvenes en otros países.
El alto costo de la vida,
los bajos salarios, el desempleo, la precariedad laboral y las dificultades
para acceder a la vivienda y a los servicios públicos afectan particularmente a
los jóvenes, pero también a sus familias y al conjunto de los trabajadores. No
se trata de problemas aislados ni de errores circunstanciales de los gobiernos.
Son consecuencias de un sistema que existe para garantizar la acumulación de
ganancias del capital por encima de las necesidades humanas.
La
amplitud y combatividad de estas protestas tienen un significado político que
va más allá de las reivindicaciones inmediatas. La juventud no se limita a expresar inconformidad: comienza a
reconocer, a través de su propia experiencia, que sus problemas están
relacionados con las políticas de los gobiernos y con las condiciones sociales
que impone el capitalismo. Cuando los estudiantes salen a las calles,
cuestionan los recortes educativos y encuentran en los trabajadores aliados
para enfrentar el encarecimiento de la vida, se crean condiciones para que las
demandas particulares converjan en una lucha más general contra la desigualdad
y la explotación.
Esto no significa que
todos los participantes hayan desarrollado una conciencia anticapitalista ni
que exista ya una orientación política común. La conciencia de las masas se
transforma en medio de la lucha, a partir de la experiencia, la confrontación con
el poder y la comprensión de las causas de sus problemas. Precisamente por
ello, estas movilizaciones constituyen un terreno importante para la acción de nuestros
partidos y de las organizaciones revolucionarias: vincular las reivindicaciones
inmediatas con una explicación de sus causas estructurales y contribuir a que
la indignación se convierta en conciencia y organización.
En Albania, las protestas
también tienen altos niveles de combatividad, y las reivindicaciones inmediatas
de los estudiantes se han extendido a principalizar la exigencia de renuncia
del primer ministro. En Italia, Bélgica, Serbia, Portugal, Grecia, entre otros,
las movilizaciones cuestionan los bajos salarios, el encarecimiento de la
energía y la insuficiencia de los servicios públicos. En España, las
dificultades para acceder a una vivienda digna han llevado a miles de personas
a protestar contra los monopolios inmobiliarios y las autoridades responsables
de sus políticas. En Chile y Argentina el movimiento estudiantil ha puesto a
sus respectivos gobiernos contra la pared.
Los estudiantes están
aprendiendo a pelear y también están reconociendo el carácter coercitivo del
Estado. Los gobiernos y los medios oficiales de comunicación no solo han
actuado para desprestigiar las protestas, también la lanzado una brutal
represión que, no obstante, su intensidad, no ha apagado la lucha.
Los cientos de miles de
estudiantes en las calles cuestionan —en los hechos— la idea de que el avance
de la derecha significa necesariamente un retroceso irreversible de la lucha
popular. Que las fuerzas conservadoras ganen espacios institucionales no
significa que hayan conquistado la conciencia de los trabajadores y de la
juventud. El descontento acumulado puede expresarse en resistencia,
organización y movilización, incluso en escenarios donde la derecha parece
fortalecida.
Por supuesto, esa
inconformidad no conduce automáticamente a posiciones revolucionarias: también
puede ser canalizada por fuerzas reformistas o reaccionarias si las
organizaciones de izquierda no logran ofrecer una alternativa política clara.
Por eso, la tarea no
consiste únicamente en respaldar las protestas, sino en contribuir a su
desarrollo político, fortalecer los vínculos entre estudiantes y trabajadores y
promover la organización independiente de las masas. Se trata de defender las
reivindicaciones inmediatas y, al mismo tiempo, demostrar que la educación, el
empleo, la vivienda y una vida digna no pueden garantizarse mientras los
intereses de la mayoría estén subordinados a las ganancias de una minoría.
La juventud que hoy se
levanta demuestra que las contradicciones del capitalismo generan resistencia.
El desafío para nuestros partidos es contribuir a que esa energía combativa no
se agote en protestas episódicas, sino que se transforme en conciencia
política, organización y fuerza capaz de disputar el poder a las clases
dominantes.
Comité Coordinador
Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones
Marxista-Leninistas
CIPOML
Octubre de 2O26

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