SIGUE AVANZANDO EL PROCESO DE FASCISTIZACIÓN A NIVEL MUNDIAL.
Vivimos una situación muy especial que está siendo marcada por el avance acelerado del proceso de fascistización promovido desde gobiernos reaccionarios y desde el movimiento internacional de extrema derecha, que se fortalece ante la imposibilidad de la socialdemocracia para resolver problemas básicos de las mayorías y su debacle política electoral, mientras la izquierda revolucionaria aún no logra ser una real alternativa de masas.
Es claro que el capital —principalmente los representantes del capital financiero— está avanzando en el control de las diversas ramas de la economía, imponiendo sus intereses por medio de diversos mecanismos a toda la sociedad y buscando imponer la subordinación a los gobiernos y el dominio de los mercados a nivel mundial.
Para el logro de sus objetivos hegemónicos, el capital financiero recurre a las tendencias más reaccionarias; y por esa razón vemos cómo el imperialismo se impregna cada día más de las ideas fascistas y, especialmente, de su tendencia más violenta y criminal, como es el sionismo.
Asume justificaciones mesiánicas para atropellar a pueblos enteros, justificar genocidios y crímenes atroces, y normalizar la apropiación de territorios y riquezas, como hacen los israelíes en Palestina y Líbano, o los Estados Unidos en Venezuela, por nombrar solo algunos ejemplos recientes.
Producto de esa alianza perversa entre expresiones fascistas tradicionales del capital financiero y las nuevas expresiones sionistas, surgen políticas extremadamente violentas que ignoran las más elementales normas convivencia entre las naciones o dentro de sus países, recurriendo a la agresión brutal de la dictadura extrema del capital contra el trabajo, del imperialismo fascista sionista contra la clase obrera y los pueblos.
Este fenómeno criminal, impulsado por los gobiernos de extrema derecha, no es algo nuevo ni tampoco surge espontáneamente; es una de las respuestas de la burguesía ante el impacto de la crisis general del capitalismo y sus crisis cíclicas, que generan grandes problemas dentro del sistema de explotación burgués y lo llevan por el camino de su debacle interna debido a la descomposición del modo de producción capitalista. Ante lo cual, el robo de las riquezas de otros países, la explotación extrema de la fuerza de trabajo y la apropiación arbitraria de los mercados son las formas que le quedan para oxigenar un sistema exhausto y en situación de crisis extrema.
En la búsqueda de la supervivencia del imperialismo como forma de expresión actual del modo de producción capitalista, los burgueses deben recurrir a las guerras de agresión y despojo; por lo que promueven el avance acelerado de la militarización, la opresión nacional y la superexplotación de la clase obrera como mecanismos para tratar de superar su crisis. Para ello, requieren potenciar el aparato industrial militar y el saqueo directo, sin ocultar sus verdaderos objetivos debido a la urgencia de buscar paliativos a la profunda crisis que los afecta. Su primera víctima es el proletariado migrante y los países dependientes, a los cuales someten, invaden y saquean sin respetar norma alguna.
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