Por: L. Aponte.
Desde el punto de vista de clase, los comunistas marxistas leninistas planteamos la destrucción revolucionaria del actual Estado burgués; para esto es necesaria la toma del poder político para la liberación nacional, democracia popular y el socialismo.
El escenario actual, posterior al 3 de enero, ha sido de
confusión entre las grandes masas y, por supuesto, dentro de la izquierda del
quehacer ante el actual momento, caracterizado por el avance del proceso de
fascistización a nivel internacional y, por supuesto, a nivel nacional, ya que
después de la agresión imperialista donde lograron el secuestro del presidente
constitucional Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, todas
estas series de hechos están conduciendo al control por parte del imperialismo
norteamericano, ya que poco se han ejecutado acciones políticas y organizativas
para la resistencia popular; más bien al contrario, se ha entrado por parte del
gobierno en una fase de colaboración abierta con los agresores imperialistas en
el supuesto plan de la paciencia estratégica.
Todo esto en el marco de la lucha de clases es un caldo de cultivo para la lucha ideológica, en la cual se emplean grandes cantidades de recursos propagandísticos que buscan seguir confundiendo al proletariado y a nuestro pueblo por parte del imperialismo y la burguesía tradicional, la burguesía emergente y la pequeña burguesía; todos ellos emplean sus plataformas tecnológicas y sus palangristas, los llamados influencers, para plantear sus programas políticos y someter a nuestra clase y, por supuesto, al pueblo venezolano.
¿Cuál debe ser el papel de un partido revolucionario ante
esta situación compleja?
En primer lugar, desenmascarar el imperialismo, ambas
tendencias de la burguesía a través de sus hechos y sus acciones políticas y
económicas, ya que los hechos demuestran que los hechos favorecen a sus
intereses.
Por una parte, la burguesía y la pequeña burguesía quieren
someter a la izquierda a la inacción política y la rendición ante los
imperialistas fascistas-sionistas; bajo la “paciencia estratégica” buscan la
inacción del carácter combativo de nuestro pueblo, que ya ha resistido y
luchado ante el imperialismo gringo. Incluso llegan al descaro de comparar la
entrega y la colaboración en el pacto Ribbentrop-Molotov y el pacto
Brest-Litovsk; en este caso hubo una dirección de clase revolucionaria. Aparte
de esto, se hizo repliegue ordenado para la ofensiva posterior sin claudicar en
sus principios ideológicos revolucionarios.
En todo este plan de entrega y colaboración se han aprobado
reformas (reforma de ley de hidrocarburos y leyes de minas, reforma de la ley
eléctrica) que favorecen a los monopolios de Estados Unidos y la Unión Europea;
todo se hace en el llamado de la paciencia estratégica. Ante esto podemos
preguntarnos: ¿cuál es el beneficio para la clase obrera? ¿Cuál es el beneficio
para el desarrollo de la soberanía? Mientras tanto, los imperialistas quieren
verse como los salvadores de nuestra patria; con sus grandes mentiras se roban
y saquean nuestros recursos y pagan a su conveniencia el petróleo. Está claro
que los imperialistas están ejecutando su plan de las 3 fases.
¿Ahora qué debe hacer el proletariado, el campesinado y el movimiento popular revolucionario?
Con estas complejidades, se debe seguir
denunciando a los imperialistas sin ningún titubeo ni vacilación, denunciar a
la burguesía que quiere seguir avanzando en una serie de reformas que afectan a
la soberanía y nuestras condiciones de vida; entre estas se encuentran la LOTT
y la LTDA. Se debe seguir organizando el Frente Popular para la resistencia
antiyanqui; debemos defender las leyes que favorecen el avance popular y no
apoyar el proceso de entrega y privatización de nuestros recursos y servicios
básicos, debemos seguir atentos ante el avance de la extrema derecha en nuestro
territorio, la cual se ha beneficiado de una ley de amnistía.
En conclusión, hay que construir una resistencia activa revolucionaria, ya que la pequeña burguesía buscará apagar cualquier iniciativa revolucionaria, seguir atentos ante los avances de los fascistas y consolidar el carácter político ideológico de nuestros cuadros.
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