domingo, 21 de junio de 2026

LA TRAMPA DE LA GUERRA COGNITIVA ENTRE EL PRAGMATISMO Y LA CONCIENCIA REVOLUCIONARIA

Por: E. Sandoval.

En el escenario internacional de hoy, la "guerra cognitiva" ya no es simple propaganda; es una estrategia diseñada para desmovilizar a la sociedad. Su objetivo no es destruir físicamente al adversario, sino adormecer el pensamiento de las mayorías, anulando su capacidad crítica y de lucha. Cuando la presión política externa aumenta, los discursos oficiales suelen reconfigurarse para justificar pactos con el enemigo bajo la excusa del pragmatismo político. Analizar estas narrativas no busca generar divisiones inútiles, sino encender alarmas para que la militancia entienda los riesgos reales que enfrenta nuestro proyecto socialista.

El chantaje de la obediencia

Hoy se utiliza el concepto de "guerra cognitiva" como una herramienta para callar los reclamos del pueblo trabajador. A quienes cuestionamos el rumbo económico y político desde las filas de la revolución, se nos acusa de hacerle el juego al imperialismo. Sin embargo, exigir lealtad, confianza y disciplina mientras se negocia con los enemigos históricos del pueblo sin organizar la contraofensiva, es una contradicción total con la conducta revolucionaria.

Para los sectores reformistas, cualquier crítica es sinónimo de traición. Colocan automáticamente al crítico interno en el mismo saco de la extrema derecha o de los intereses de Estados Unidos. Al borrar las diferencias, imponen un chantaje directo: o te alineas por completo a las decisiones del gobierno, o estás ayudando al imperialismo a sembrar intrigas en el proceso.

Las concesiones y la realidad económica

Algunos voceros oficiales justifican las concesiones no como una rendición, sino como diplomacia de alto nivel para evitar una guerra o el colapso del Estado. Utilizan declaraciones externas —como las de Donald Trump asegurando que evitaría "un nuevo Irak"— para mostrar al gobierno como un actor sensato que pacifica la región.

Bajo este enfoque, la aceptación de licencias de la OFAC, el regreso al Fondo Monetario Internacional (FMI) y los acuerdos con transnacionales petroleras norteamericanas se presentan como "maniobras tácticas inevitables". Argumentan que, ante la crisis y las más de mil sanciones vigentes, no negociar con la administración estadounidense sería un suicidio económico. Sin embargo, la teoría marxista-leninista y la historia demuestran que el FMI y las transnacionales nunca traen paz, sino una mayor explotación para los trabajadores.

Esta narrativa de "paciencia estratégica" o "repliegue táctico" debe mirarse con cautela. Si este retroceso no va acompañado de acciones reales para reagrupar a las fuerzas revolucionarias, podría tratarse de una operación de distracción.

Lecciones de la historia

Nadie niega que un Estado bajo asedio deba maniobrar internacionalmente; el propio Lenin lo demostró al aplicar la Nueva Política Económica (NEP) o al firmar el Tratado de Brest-Litovsk. Sin embargo, quienes comparan mecánicamente la situación actual con la NEP olvidan un detalle fundamental: Lenin jamás disfrazó esos retrocesos como "victorias" ni intentó anestesiar la conciencia de los trabajadores. Al contrario, el liderazgo bolchevique explicó al pueblo, con cruda honestidad, que se trataba de un retroceso temporal impuesto por la realidad, manteniendo intacta la formación política y la movilización de las masas.

La verdadera unidad antiimperialista no se construye desde la obediencia ciega o el silencio cómplice, sino desde una clase obrera consciente, crítica y con capacidad de autoorganización. Ante este panorama, si la estrategia oficial se convierte en retórica vacía, la propia crisis puede transformarse en el motor que impulse al pueblo organizado a profundizar su conciencia combativa, acelerando su organización autónoma y consolidando una independencia política capaz de salvar el proyecto revolucionario de cualquier desvío táctico.

 

 

 

No hay comentarios.: