sábado, 18 de abril de 2026

RESOLUCIÓN POLÍTICA DEL III PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PCMLV, ABRIL 2026

El proceso de fascistización internacional ha continuado su curso con paso firme, aunque con muchos obstáculos devenidos de las formas como el desarrollo de las contradicciones propias de la época imperialista se han venido desarrollando. La tecnología de punta lograda por el complejo industrial militar, expresada en parte por la llamada inteligencia artificial, pone de manifiesto el desarrollo de las fuerzas productivas en la actualidad y la dirección en el uso de la misma que los imperialistas le darán en favor de sus intereses. 

En nuestras tesis expresamos: "La fascistización es un proceso impuesto por el capital financiero en el cual se van normalizando en la sociedad las prácticas autoritarias y violentas de extrema derecha, avanzando en la aplicación de crímenes fascistas tolerados por la sociedad, pero sin que los gobiernos asuman aún de forma pública el carácter de la dictadura de extrema derecha."

La guerra, como mecanismo para conectar el reparto del mundo encabezado por las potencias imperialistas, ha ido en expansión acelerada en los últimos meses. Las potencias imperialistas han marcado claramente los caminos para dominar las principales rutas económicas, las fuentes de materia prima y la fuerza de trabajo. Por un lado, Rusia cumple el cuarto año en una confrontación con la OTAN; esta confrontación ha permitido a los actores involucrados deshacerse de parte de sus viejos arsenales armamentísticos para sustituirlos por la nueva tecnología, más destructiva y efectiva en la precisión letal. Con esto, además, han logrado reanimar la actividad del complejo industrial militar. Esta ofensiva imperialista se apoya a su vez en sofisticadas campañas de propaganda donde se hace todo lo posible por justificar ante las masas populares acciones como el fortalecimiento de los presupuestos de "defensa", lo que directamente se orienta a robustecer el papel del complejo industrial militar en la vida de la sociedad, adquiriendo en los presupuestos de muchos países, principalmente de las potencias imperialistas, donde elementos como educación, gasto social, salud, pasan a un segundo plano. En este sentido, hemos visto también cómo los señores de la guerra orientan su narrativa propagandística a presentar el peligro de "inminentes amenazas" y presentarse ellos como los salvadores que pueden detenerlo.

Los campos de batalla están llenos de hijos del proletariado; sus jefes son parte de la burguesía o bien simples peones de esta en un tablero movido al antojo del capital financiero, cuyos esfuerzos en obtener la mayor cantidad de plusvalía para mantener el ritmo de crecimiento de sus ganancias. Nada importa si para esto deben incrementarse por miles los muertos, lisiados y desaparecidos en el seno de los pueblos, siempre y cuando los objetivos establecidos por los círculos imperialistas puedan lograrse en máxima eficiencia.
Esta dinámica se desarrolla además en una franca y dura batalla entre fracciones del capital financiero que buscan reacomodarse, tratando de alcanzar los mejores posicionamientos a la vez que logran concretar el desplazamiento de regiones y mercados de otras fracciones. Es una lucha a muerte donde la guerra es un instrumento en el cual los imperialistas se apoyan para definirla, momento en el cual la vida económica de vastas regiones concentra su dinámica en dirección a someter a las fuerzas productivas bajo la dinámica de la economía de guerra, jugando aquí el complejo industrial militar un papel determinante e influyente en los proyectos económicos y políticos de los gobiernos en el mundo.

Debemos recordar lo que dice Lenin en el prólogo de su obra El Imperialismo fase superior del capitalismo: "La prueba del verdadero carácter social o, mejor dicho, del verdadero carácter de clase de la guerra no se encontrará, claro está, en su historia diplomática, sino en un análisis de la situación objetiva de las clases dirigentes de todas las potencias beligerantes. Para reflejar esa situación objetiva, no hay que tomar ejemplos y datos sueltos (dada la infinita complejidad de los fenómenos de la vida social, siempre se pueden encontrar los ejemplos o datos sueltos que se quieran, susceptibles de confirmar cualquier tesis)"

En este sentido, al revisar el comportamiento de algunas fracciones imperialistas, podemos ver que estas libran una intensa lucha por dominar recursos, como las llamadas tierras raras; en dominio sobre estas, ofrecen la posibilidad de controlar rutas vinculadas al desarrollo de nuevas tecnologías. Otras fracciones se orientan a luchar por el dominio de energías fósiles. En el desarrollo de esta lucha por el reparto del mundo, algunos mecanismos propios del andamiaje de la democracia burguesa van quedando caducos ante las pretensiones de estas fracciones de conseguir sus objetivos de cualquier forma, recurriendo así a la violencia extrema y direccionada contra la organización del proletariado en particular y el movimiento popular en general.

Precisamente nuestras tesis nos alertan y al mismo tiempo nos invitan a tener muy en cuenta que en la actualidad estamos en un periodo de fascistización impuesto por las fracciones más reaccionarias del capital financiero. Se caracteriza este periodo por elementos de criminalización de las protestas, descarada sobreexplotación de la fuerza de trabajo, multiplicación de los llamados ataques preventivos a países que han sido señalados de manera intencionada como amenazas por los voceros imperialistas, expansión de la guerra y agresiones militares, desplazamiento forzado de cientos de miles de personas de los territorios afectados por los fenómenos descritos.

En los periodos de fascistización debemos tener en cuenta que se normalizan estos fenómenos en parte de la población y hasta llegan a ser justificados. En este fenómeno juega un papel importante la maquinaria propagandística del fascismo, entre ellos los medios de comunicación compuestos por personal que ha pasado por años de perfeccionamiento en técnicas de persuasión y manipulación de las masas populares.

En este sentido, la expansión de la guerra imperialista experimenta ahora una nueva fase y reimpulso, a lo que ahora se suma la guerra propiciada por el imperialismo yankee junto a su aliado, el gobierno sionista de Israel, contra Irán, siguiendo un modelo de emplear las llamadas guerras proxy por parte de Irán, lo que ha significado un serio obstáculo para los imperialistas gringos que habían anunciado que sería un conflicto de dos. Las afecciones de las rutas energéticas son una de las claras consecuencias del conflicto; estas se manifiestan en diferentes formas, niveles y alcances; por ejemplo, la subida de los precios de la gasolina en ciudades de los EE. UU. es una de ellas.

Ahora bien, en lo político también se dejan sentir las consecuencias de una desenfrenada carrera por apropiarse de los territorios y recursos de diferentes países que desarrolla con particular acento el imperialismo yankee. Las manifestaciones contra la guerra en los propios EE. UU. y otras partes del mundo a través de grandes manifestaciones populares son hoy una muestra de que la inestabilidad del sistema imperialista va creciendo, que se seguirá desarrollando más allá de los esfuerzos del imperialismo por detenerla y aniquilarla, mientras haya disposición organizada y orientada del proletariado y sectores populares para luchar y hacer frente a la agenda imperialista.

Es de destacar los más de 3000 puntos de concentración popular en los EE. UU. para manifestarse contra la guerra, las políticas antiinmigrantes y, con particularidad, el autoritarismo de Trump. Estos han marcado con acento de lucha las masivas jornadas de movilizaciones que también han tenido expresiones en otros países del mundo.
Para los marxistas leninistas, fortalecer y consolidar la capacidad de movilización de lucha en estos momentos es de vital importancia para derrotar la ofensiva del fascismo-sionismo en la región que, además, ha designado a Latinoamérica como uno de los territorios a someter bajo la vieja premisa de asegurar lo que considera su patio trasero.

Luego de las inconsecuencias de las experiencias gubernamentales progresistas, sumadas a las debilidades sostenidas del movimiento revolucionario en el continente, los factores de la burguesía pro yankee, recuperan terreno perdido en años anteriores y han posicionado sus fichas en diversos gobiernos. La afiliación fascista de personajes como Miley, Kast en Argentina y Chile, así como Lacalle Pou en Uruguay, nos remite a la memoria (con sus diferencias de tiempo, por supuesto) de aquellos años donde estos países fueron punta de lanza de iniciativas promovidas desde el Pentágono, como la Operación Cóndor, criminal campaña de represión que dejó como resultado detenciones, torturas, asesinatos y desapariciones de miles de personas en el continente.

Esta situación amenaza con hacerse realidad nuevamente en un contexto donde el imperialismo yankee experimenta déficit presupuestario, cuestionamiento interno y externo en acelerado crecimiento, y un deterioro de su poderío y hegemonía, que no implica su derrota inmediata, pero sí su desplazamiento paulatino por otras fuerzas imperialistas como China y Rusia, y precisamente eso es lo que quiere frenar y tratar de superar actualizando su operatividad en el marco de la llamada doctrina Monroe, la cual Donald Trump, dándole un toque de megalomanía, ha rebautizado la doctrina Monroe, resaltando que ahora él le aporta su particularidad a la ofensiva fascista en la actualidad.

Con Donald Trump a la cabeza, el imperialismo yankee avanza en su plan, centrando su lucha por recuperar control en áreas de influencia donde su poder se había debilitado ante el avance de otras potencias imperialistas, particularmente de China y Rusia. La primera sigue firme en su estrategia; esta consiste en proporcionar a sus aliados tecnología para fortalecer la capacidad de resistencia, asignando así un papel de desgastar y mantener ocupado a su adversario principal, los EE. UU. El planteamiento parece en forma al empleado por los EE. UU. y la OTAN para mantener fijada a Rusia en la guerra en Ucrania, y así limitar sus posibilidades.

En esta nueva fase de la guerra imperialista se muestra la caducidad del andamiaje institucional que levantaron los vencedores luego de la Segunda Guerra Mundial, y que luego de fenómenos como la guerra de Afganistán, Irak, la invasión a Siria, ya Libia, comenzó una rápida descomposición de sus estructuras y credibilidad afectadas por las profundas contradicciones e intereses de las fracciones imperialistas que se pelean el dominio del mundo y generan una serie de acciones para repartirse los territorios y riquezas, fenómeno que, llegado a unos niveles de desarrollo, hace imposible que se dirima por formas pacíficas, y obligatoriamente se definen a través de la guerra.

La guerra en sus diferentes niveles y manifestaciones prepara el terreno para el salto de cualidad, las nuevas fases y escenarios en que se decantará la lucha de clases. Las victorias, aunque sean pequeñas, de parte del proletariado organizado en particular y del movimiento popular revolucionario en general en iniciativas y movilizaciones ante la guerra, en denuncias, confrontación contra el imperialismo y el fascismo construida en el marco de una política de acumulación de fuerzas en base a una táctica que responde a un programa de lucha concebido y apoyado en la lectura justa y acertada del momento político, son una necesidad imperiosa para los pueblos que se proponen resistir.

Las fracciones del capital financiero ligadas a la actividad energética experimentan un acelerado reacomodo; en forma se expresa por la modificación del bloque EE. UU.-UE; ha quedado en evidencia en el marco de la guerra desatada por EE.UU e Israel. Parte de esta guerra buscaba como objetivo sostener la influencia del dólar como principal moneda de intercambio, lo que le ha permitido sostener su hegemonía en lo económico, en parte por el sometimiento a través de política de control por coerción y chantaje, que le permite favorecer a quienes se ofician como sus socios, cumpliendo a cabalidad con las instrucciones del imperialismo yankee, y provocar serias dificultades y problemas a quienes desarrollan proyectos poéticos y económicos que proyectan la posibilidad de liberación y confrontación con el sistema capitalista.

Venezuela:

Dice Lenin en uno de sus textos refiriéndose a la teoría de Marx: "Ella nos enseñó a ver, bajo el manto de las costumbres arraigadas, de las intrigas políticas, de las leyes sabihondas y doctrina hábilmente fraguadas, la lucha de clases, la lucha que se desarrolla entre las clases poseedoras de todo género y las masas desposeídas, el proletariado que está a la cabeza de todos los desposeídos". Precisamente trataremos elementos de nuestra coyuntura nacional a partir de las manifestaciones de la lucha de clases, en la realidad actual.

Luego de la agresión imperialista yankee contra nuestro país el pasado 3 de enero, se han desarrollado una serie de fenómenos en el terreno político y económico, que son manifestaciones de la exacerbación de la contradicción entre el imperialismo y los pueblos, que exige del movimiento revolucionario concentrar mejores y mayores esfuerzos para caracterizar con mucha precisión los impactos de estas acciones en la realidad actual y buscar en ellas los eslabones que van determinando la dirección política e ideológica que toman estos acontecimientos y así desarrollar las acciones tácticas revolucionarias que exige el momento. En este contexto, el movimiento revolucionario en general está en la obligación de superar debilidades orgánicas que nos impiden lograr una mayor beligerancia e influencia sobre las masas populares.

Dadas las características del momento actual, esta importante tarea puede ser mediante una férrea lucha en el campo de lo político e ideológico contra posiciones que intentan justificar una línea claudicante recurriendo en forma a fuentes revolucionarias, pero tergiversando su contenido. Para esto, además, es necesario alcanzar mayores niveles de fortalecimiento de la organización revolucionaria, multiplicar la movilización popular y garantizar una mayor difusión hacia las masas de la propaganda revolucionaria.

La batalla ideológica se ha planteado en varios espacios; algunos factores han puesto sobre la mesa la llamada "paciencia estratégica" como elemento central para defender posiciones que intentan demostrar como justas las decisiones tomadas por dirigentes del gobierno venezolano el pasado 3 de enero, que han eludido una respuesta frontal a la agresión imperialista, sustentando sobre argumentos que van en dirección a concluir que no era posible enfrentar al imperialismo por su poderío militar.

De estas posiciones intentan aprovecharse sectores de la derecha y reformistas de izquierda que ven el momento propicio para ganar buen terreno en sus objetivos de desmontar el proceso de construcción popular y resistencia antiimperialista sostenido por décadas en nuestro país. Algunos teóricos recurren al método de realizar analogías con algunos hechos históricos, muy importantes y estimados en la tradición revolucionaria, para justificar que, incluso en momentos de guerra, el diálogo con el enemigo es una opción. Sin embargo, es preciso resaltar que lo que se cuestiona no es el diálogo o los acuerdos en sí, sino el carácter y la dirección de los mismos, sus efectos que han permitido que se lesione peligrosamente la soberanía nacional, además de poner a un lado y en tela de juicio la política de denuncia del imperialismo yankee y su carácter fascista, hoy mermada y casi desaparecida por parte de la alta dirigencia del gobierno. Tiene esta expresión también en algunas medidas gubernamentales tomadas luego con notable velocidad, que aseguran importantes ventajas para el imperialismo yankee, en acceso y decisiones sobre nuestros recursos.

Es claro también que estas posiciones adoptadas en estos momentos por principales figuras del gobierno nacional y algunos altos mandos de las fuerzas armadas de Venezuela han facilitado al imperialismo yankee y a sus operadores internos el avance en recuperar espacios perdidos durante el gobierno de Chávez y sostenidos con mucho esfuerzo en el gobierno de Nicolás Maduro. Les permite avanzar a los gringos en la llamada fase de estabilización, paso importante que se propone el imperialismo para sus planes de dominación y sometimiento contra nuestro país, situación que además ha servido para alentar las posiciones guerreristas de los EE. UU. e Israel en lo internacional, que, alardeando de una rápida victoria en Venezuela y también rápida recuperación de los millones de dólares invertidos para hacer efectiva la agresión militar, pronto emprendió una nueva operación militar contra Irán, país que le ha plantado cara y hasta el momento ha obstaculizado en gran manera los objetivos guerreristas del imperialismo en el Medio Oriente y podría perjudicarlo en lo económico y político, pues cada minuto que pasa juega en contra de los sionistas y gringos que aspiraban a ganar la guerra en días, además de que ha dejado en claro que, a pesar de su poderío y supremacía militar, el imperialismo yankee puede ser golpeado sensiblemente o que, sumado a otros fenómenos como la inestabilidad y contradicciones a lo interno de los EE.UU y la incapacidad de involucrar inmediatamente en el conflicto a sus aliados, puede profundizar y acelerar el proceso de debacle de la hegemonía del imperialismo yankee.

En el escenario nacional de Venezuela también es importante resaltar que, luego del 3 de enero de 2026, sectores de la ultraderecha se han dado a la tarea de llevar a cabo una campaña para reivindicar y apoyar la agresión militar gringa contra el país. Tratan con esto de sustentar actividades que les sirvan para reanimar sus fuerzas y avanzar en constituirse en parte de la base social del imperialismo yankee en nuestros territorios; van a resaltar en su propaganda y discursos supuestos "beneficios" derivados de la violencia imperialista, llegando a la estupidez de indicar que el gobierno de los EE. UU. no tuvo más opciones que atacar militarmente ante la negativa de Nicolás Maduro o irse al exilio. Semejante postura demuestra el peligroso nivel de servilismo y mentalidad de lacayos, su clara posición proimperialista que los hace marionetas a las órdenes de los agresores yankees.

Sin embargo, por los momentos, estas fracciones de ultraderecha han tenido poco impacto e influencia en la población, pero nos alerta al movimiento revolucionario, por ser estas acciones manifestaciones de la reanimación de estos sectores que se ofrecen como operadores del imperialismo yankee que se ponen a la orden abierta de los intereses del agresor para ejecutar otras fases más agresivas del proyecto neocolonial que quiere ejecutar el imperialismo a lo interno del territorio nacional.

Las acciones de reanimación de los sectores de la ultraderecha además lucen con mayor peligrosidad al ser acompañadas de decisiones gubernamentales como la ejecución de una ley de amnistía que ha servido para acelerar un proceso de liberación de personas que protagonizaron hechos de violencia fascista durante diversos momentos en el país. Recordemos las llamadas guarimbas, donde coordinadamente, bajo un plan con recursos y apoyo logístico internacional, estos sectores de la extrema derecha llevaron a cabo ataques contra personas, infraestructura, instituciones del gobierno, manifestando abiertamente su desprecio por el proceso bolivariano y su atención de contribuir al derrocamiento del gobierno y aniquilamiento de las bases revolucionarias.

Esta medida se ha traducido en una oxigenación a las fuerzas de extrema derecha en el país, liberando a parte de sus brazos ejecutores para la ofensiva interna que el imperialismo ha venido ejecutando por años.

También hay que hacer notar la actitud en los últimos meses de parte de la alta dirigencia del gobierno; se ha mostrado complaciente sin mayor resistencia ni siquiera en lo retórico de las exigencias del imperialismo yankee que, como ejército vencedor, impone una serie de condiciones que abiertamente lesionan la soberanía nacional, aprovechando además para dictar medidas de orden económico y político que les son abiertamente favorables, sometiendo así al país a una dinámica donde parte de la actividad petrolera se somete al tutelaje del imperialismo, el cual maneja recursos provenientes de la venta de petróleo venezolano a través del Departamento del Tesoro, al tiempo que administra los recursos devenidos de estas, impone las rutas a seguir y las formas en que se deben llevar a cabo las relaciones internacionales, imponiendo "nuevas" alianzas. El gobierno pasó de la denuncia y señalamiento contra el imperialismo yankee, principal responsable de las condiciones de pauperización económica de nuestro pueblo, a tratarlo de "amigable", exponer abiertamente la intención de desarrollar una política de "mutuo beneficio", recurriendo a viejas ilusiones de relaciones de "igualdad" y "respeto" con un gobierno de EE. UU. cuyas condiciones de fascistas precisamente lo hacen descaradamente agresivo y ventajista, demostrando poco o nulo respeto por los acuerdos alcanzados con cualquier país. Por lo tanto, los resultados previstos no serán positivos en modo alguno, pero además comporta un peligro muy grande para nuestro país en cada avance que este concreta en el territorio nacional.

Es importante observar el cambio de comportamiento del gobierno de Venezuela: pasó de ser una referencia en el marco de la construcción de espacios económicos y políticos de resistencia y rebeldía antiimperialista en el escenario internacional - cuestionando la hegemonía del imperialismo yankee - mientras que ahora es una referencia destacada en los discursos de los voceros imperialistas de colaboración, obediencia y cooperación efectiva con la agenda impuesta por los yankees, la cual está avanzando en la imposición de elementos económicos, políticos y jurídicos que facilitan el control del imperialismo de recursos sensibles para la vida económica y política nacional.

En lo político, hay que destacar que se abren espacios favorables a las fuerzas opositoras de derecha, al tiempo que se les sigue dando mayor beligerancia a las organizaciones empresariales en el marco de decisiones económicas y políticas. Se han acelerado los cambios en puestos de dirección del gobierno, siendo clara la orientación a dar mayor importancia a los perfiles técnicos, al tiempo que se incluyen algunos factores vinculados a la oposición "democrática". Esto ha establecido un momento donde el oportunismo de derecha observa una gran posibilidad para ir desmontando una serie de medidas económicas, políticas y sociales alcanzadas en el marco del proceso bolivariano.

Es una acción de reacomodo de fracciones de la burguesía y pequeña burguesía que están aprovechando los cambios en el contexto nacional devenidos de las imposiciones hechas por el imperialismo yankee, lo que obliga urgentemente a los trabajadores y el movimiento revolucionario a un reajuste audaz y pertinente para asumir la lucha ante la aplicación de medidas que intentan mantener las limitaciones de los beneficios a los trabajadores.

En este marco se han desarrollado movilizaciones de trabajadores, donde factores de la derecha intentan reanimarse en sus organizaciones sindicales, las cuales intentan aprovechar el momento para presentarse como defensores de los derechos de los trabajadores. Incluso las organizaciones empresariales, claros enemigos de los intereses de los trabajadores, han intentado apropiarse de las banderas de lucha por el aumento salarial, intentando concretar un chantaje al decir que es posible recuperar el salario, pero si se modifica la ley del trabajo. Claro, buscan eliminar elementos como la retroactividad de las prestaciones sociales. Por otro lado, están los sectores de izquierda que intentan superar las contradicciones y cierta parálisis y cooptación del movimiento sindical por el gobierno, que intenta calmar las aguas con un anuncio de aumento de ingreso acompañado de una especie de advertencia de que depende la recuperación del salario del cese de las sanciones, lo que amenaza con llevarlo ante una bancarrota al limitar sus movilizaciones y beligerancia con el cuidado de no exacerbar las contradicciones y evitar calentamiento de las calles, en un momento donde las condiciones de los trabajadores siguen pauperizándose y se presenta como caldo de cultivo para los oportunistas de derecha.

Exige esto, de los revolucionarios y en particular de los marxistas leninistas, mayor audacia y asertividad para llevar a cabo con éxito las acciones políticas que se traduzcan en acumulación de fuerza, previa a confrontaciones de mayor envergadura, que están previéndose en el marco del actual contexto. Esto pasa por reanimar las acciones de lucha, por recuperar la beligerancia y la dirección revolucionaria de los trabajadores, vencer las posiciones oportunistas y fortalecer la direccionalidad revolucionaria del proletariado. 

Posiciones políticas en disputa hoy en el escenario nacional.

En el escenario nacional hay que mencionar aquellos elementos organizados de la ultraderecha que apoyan, entre otros, a factores como María Corina Machado, los cuales en la actualidad están reanimando sus fuerzas, movilizándose en pequeñas asambleas en algunas comunidades, aprovechando medidas como la ley de amnistía que ha permitido la liberación de parte de sus operadores, lo que les da por el momento la posibilidad de recuperar parte de su operatividad. Y no podemos olvidar que estos factores llevaron a cabo sus actos de violencia con el propósito de lograr avanzar en la toma del poder para aplicar medidas extremas de limpieza política y social, reeditando experiencias como la perversa dictadura de Pinochet iniciada con el sangriento golpe de Estado en septiembre de 1973 en Chile, con el resultado de miles de muertos, desaparecidos y un gobierno completamente entregado, lacayo de los intereses de los EE. UU. en contra de los intereses de la mayoría de los trabajadores y sectores populares.

También están los sectores de la socialdemocracia de izquierda y de derecha que se mueven en el momento actual con sus características políticas de conciliación de clase, que intentan proyectar una imagen de “moderados” y que coinciden en acuerdos y negociaciones que se comportan como el colchón que amortigüe las contradicciones de clases, tratando de mantener controlado el espíritu combativo de las fuerzas populares y trabajadores. Esta tendencia va predicando el colaboracionismo de clases, llamando a una paz social y laboral que pasa por renunciar en buena parte a las movilizaciones para luchar y resistir ante el imperialismo; trata de dejar sin efecto las exigencias del cumplimiento de los derechos y exigencias de los trabajadores, reduciendo al mínimo la lucha por la defensa de las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo.

 Un tercer factor son los sectores revolucionarios, entre los que nos encontramos los ML, que asumimos que en la actual fase de agresión imperialista es necesario mantener una posición firme en la lucha por las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo, manteniendo y fortaleciendo banderas que el proceso bolivariano en la actualidad debe seguir levantando muy alto. Hablamos de la lucha antiimperialista y antifascista, por la liberación nacional, la democracia popular, la construcción del gobierno obrero campesino y comunal, manteniendo la dirección estratégica en la lucha por el socialismo, manifestando un rotundo rechazo a la agresión e injerencia del imperialismo yankee contra nuestro país, haciendo observaciones sobre posiciones y medidas que consideramos peligrosas y contrarias al fortalecimiento del proceso popular bolivariano, y que van en dirección contraria a la soberanía nacional y capacidad de autodeterminación de los pueblos.

En este sentido, es importante manifestar los siguientes elementos de observación que hacemos con profundo espíritu crítico revolucionario, alertando que la continuidad de acciones políticas orientadas bajo la imposición del imperialismo yankee, comporta una gran amenaza que se orienta a debilitar y golpear estratégicamente el contenido revolucionario del proceso bolivariano y con esto a las fuerzas populares revolucionarias en general, lo que debe dejar en claro la necesidad de movilización, lucha y resistencia para frenar y derrotar la agenda imperialista.

En este sentido expresamos:

1) Desacuerdo total con la instalación formal de la CLA en el país, así como el Comando Sur y embajada de los EE. UU, toda vez que estas acciones se han acelerado luego de una abierta agresión militar de los EE. UU contra la soberanía nacional, asesinando a una gran cantidad de compatriotas y pasando inmediatamente a imponer una serie de medidas totalmente desventajosas para los intereses populares.

2) No estamos de acuerdo con el incumplimiento desde el gobierno nacional de acuerdos con el gobierno y el pueblo de Cuba, el cual ha demostrado su solidaridad con nuestro pueblo en momentos muy difíciles de asedio y ataque permanente mantenido precisamente bajo el auspicio principal del imperialismo yankee.

3) No justificamos la ausencia de la denuncia contra el imperialismo en general y particularmente yankee, en los discursos y posiciones políticas luego del 3 de enero por parte del alto gobierno, pues esto es parte esencial de la política del proceso bolivariano iniciada y fortalecida por el comandante Chávez durante todo su periodo y continuada en una muy compleja circunstancia por el presidente Maduro, hoy secuestrado precisamente por el imperialismo yankee.

4) Así mismo, no apoyamos las reformas a la ley de hidrocarburos por comportar cambios con claras desventajas a los intereses de soberanía del país. Además, es necesario resaltar que estos cambios se hacen en el marco de un contexto donde el imperialismo yankee ha impuesto un mecanismo que le permite el control de los recursos provenientes de la venta de petróleo venezolano para manejarlo según sus intereses, lo que va en dirección totalmente contraria a los beneficios del pueblo venezolano, donde una parte central de su economía queda bajo el rigor de mecanismos neocoloniales. Favorecen estas medidas a las grandes transnacionales de los EE.UU y europeas, otorgándoles mayores porcentajes en regalías, beneficios en la extracción y comercialización del petróleo y, si hubiese algún desacuerdo o problema de orden jurídico, este puede ser dirimido en tribunales internacionales, que no hay que ser muy expertos para saber los resultados.

5) Observamos con alta preocupación la venta de oro a los EE. UU, sin mayor información al pueblo sobre el carácter de estas operaciones y sus supuestos beneficios.
Ante esta ofensiva del imperialismo yankee que busca consolidar su dominio y tutela sobre el gobierno y el territorio nacional, es importante seguir elevando los niveles de organización y politización de las bases obreras, campesinas y comunales, fortaleciendo las expresiones antifascistas, antiimperialistas en estos sectores, desarrollando experiencias productivas y organizativas en el marco de la economía comunal de resistencia, del control obrero y campesino de la producción, distribución y comercialización.

Las expresiones de resistencia y lucha antifascista y antiimperialista necesitan espacios de unidad para construir agenda común para la acción; en este sentido, debemos seguir promoviendo y fortaleciendo iniciativas como los frentes populares antifascistas y antiimperialistas, donde las fuerzas de los sectores dispuestos a enfrentar, frenar y derrotar las pretensiones del imperialismo puedan encontrarse para golpear como un solo y poderoso puño.
 
 

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