Por: E. Concepción.
En su lucha por el reparto del mundo, los países y asociaciones imperialistas libran una batalla a muerte en la que afectan al proletariado en diversas formas.
Los ejércitos imperialistas aseguran parte de sus
fuerzas reclutando a las hijas e hijos del proletariado, que son incorporados a
las fuerzas armadas convencionales bajo diversos mecanismos.
Muchos de ellos mueren en los diferentes frentes de batalla
defendiendo causas ajenas a sus intereses de clase, bajo la ilusión de que
están defendiendo la libertad y democracia, cuando en realidad están siendo
utilizados como peones para consolidar la dictadura de la burguesía y sus
terribles consecuencias sobre los trabajadores y los pueblos.
Para concretar el reparto del mundo, los imperialistas
recurren a promover y expandir la guerra; la presentan como una necesidad,
utilizan artimañas, tergiversaciones, apoyados en su maquinaria de propaganda
para convencer a los trabajadores y los pueblos de que todo es una lucha por la
"paz", la "democracia"; invaden países, los someten a
penosos mecanismos de expoliación de sus riquezas en nombre de la libertad.
Tanto la paz como la libertad para los imperialistas son
solo palabras que sirven para manipular y maniobrar ante las masas populares y
venderles simulacros; en otras palabras, engañarlos.
El mundo fue testigo del cinismo imperialista cuando un elemento fascista como Trump, promotor de la guerra y apologista de aberraciones como el genocidio contra el pueblo de Palestina, fue postulado para el Premio Nobel de la Paz, quedando así al descubierto el carácter servil de estas instituciones movidas por intereses económicos y políticos que sustentan la dictadura del capital sobre el trabajo.
Es preciso recordar lo que dice Lenin en su obra El
imperialismo, fase superior del capitalismo, citando a su vez a Hilferding:
"El capital financiero no quiere la libertad, sino la dominación".
En su escalada guerrerista, las potencias imperialistas
impulsan una política de imposición de mecanismos de sometimiento a los países
dependientes que, a decir de Lenin, gozan de independencia desde un punto
formal y político, pero en la realidad están envueltos en las redes de la
dependencia financiera y diplomática que los hace actuar bajo las órdenes de
las potencias imperialistas.
Una parte del proletariado que ha logrado fortalecer su
conciencia de clase, forjada y cualificada en acciones de lucha y resistencia
contra la explotación capitalista, comprende que la guerra es un fenómeno que
se fortalece y multiplica en la época imperialista; por lo tanto, la lucha por
la paz tiene un profundo carácter antiimperialista en la medida en que se
denuncia y expone con claridad el papel de las asociaciones y países
imperialistas en la expansión de la guerra, y concretamos mecanismos de lucha y
resistencia contra esta.
Sumado a esto, la agudización de la lucha por el reparto del
mundo entre las potencias imperialistas genera la respuesta del proletariado,
que se moviliza llevando a cabo acciones de resistencia y lucha ante las
pretensiones de estos de imponerle mecanismos oprobiosos, que golpean y
deterioran sus condiciones de vida.
Sucede que cuando las acciones de lucha del proletariado y
los pueblos no pueden ser detenidas por los imperialistas con mecanismos e
instituciones propias de la democracia burguesa, entonces estos recurren a
mecanismos más violentos y criminales como el fascismo.
El fascismo es impulsado por las fracciones más
reaccionarias de la burguesía expresadas en el capital financiero.
La lucha contra el fascismo exige fortalecer la unidad en
acción del movimiento revolucionario, estimulada entre otras cosas por una
conciencia que nos ayuda a entender que el proceso de fascistización que
promueven algunas fracciones imperialistas hoy se alza como una amenaza contra
la vida misma y que, por tanto, la paz ganará buen terreno a la medida que la
organización del proletariado y los pueblos en el mundo sean capaces de
asegurar victorias asestando golpes a la vitalidad del sistema que sustenta la
guerra, el capitalismo, hoy en su etapa imperialista.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario