Por: E. Sandoval
Para el militante revolucionario, la disciplina no es una carga impuesta desde afuera, sino un atributo interno nacido de la convicción. En el actual escenario de asedio imperialista y guerra económica en Venezuela, el cumplimiento de las tareas no puede depender de una vigilancia de un supervisor o de la búsqueda de reconocimiento personal. La verdadera disciplina es, en esencia, conciencia del deber histórico.
El sistema capitalista educa al individuo para destacar, para "brillar" sobre los demás y buscar el aplauso. El revolucionario, por el contrario, entiende que su trabajo es un grano de arena en una construcción colectiva. Aquel que solo cumple cuando lo ven, o que busca "figurar" ante la dirección, aún no ha roto con la ideología pequeño burguesa.
La disciplina consciente es nuestra mejor arma. El enemigo apuesta a nuestra desmoralización y al desorden. Un equipo político donde cada militante cumple su tarea de manera automática y consciente es un equipo invulnerable.
Nuestra tarea no es "parecer" revolucionarios, sino serlo en la práctica cotidiana. La disciplina consciente es el puente entre la teoría que leemos y la victoria que estamos obligados a construir.
La disciplina consciente se ejerce en el informe redactado a tiempo, en la organización de la base a pesar del cansancio, en el estudio de la teoría sin que nadie le ordene. Como decía el Che Guevara, "el escalón más alto de la especie humana es ser revolucionario, y eso exige una ética del anonimato combativo."
La Tarea como Necesidad, no como Obligación
Lenin, enfatizaba que el Partido es la organización de vanguardia de la clase. Para que esta vanguardia funcione, debe actuar como un solo puño. Si un militante falla en su plan de trabajo, no le falla a un jefe: le falla a su clase y debilita la línea de defensa de la Revolución.
El cumplimiento de los planes de trabajo no es una cuestión administrativa, es una cuestión de fidelidad a los explotados. Quien comprende que el éxito del socialismo depende de la suma de esfuerzos coordinados, no necesita que alguien lo supervise. Se supervisa a sí mismo porque sabe que cada minuto de ocio o de negligencia es un espacio que se le cede al enemigo.
La crítica y la autocrítica revolucionaria
Una vez que la línea política ha sido discutida y aprobada, su ejecución es sagrada. La crítica y la autocrítica revolucionaria en la discusión se transforma en unidad de acción en la ejecución.
Desarrollar esta disciplina significa: Puntualidad, es Respetar el tiempo de la organización; Autoformación, es no esperar a que otros equipos políticos le "enseñe", sino buscar el conocimiento de forma proactiva; Continuidad, es mantener el ritmo de trabajo sin necesidad de estímulos externos o "premios".

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