Para los fascistas y sus acólitos de la socialdemocracia cobarde no valen principios morales, leyes internacionales, acuerdos ni constituciones. El principio del poder de la fuerza bruta, la imposición, la manipulación propagandística y el dominio militar son las premisas del imperialismo cuando en su lucha por sobrevivir a la crisis general llega al fascismo.
El método arbitrario, atropellador, egoísta y mentiroso, la corte de aduladores, la complicidad de los poderes públicos, los militares sumisos al poder, sin principios, los sionistas, son parte de los cómplices necesarios para que individuos desquiciados, en representación de los monopolios y de sus egoístas intereses económicos, puedan llegar a cometer crímenes atroces y violaciones evidentes de las leyes y no sean frenados, porque la sociedad capitalista en descomposición produce tales engendros para garantizar los mecanismos de la supervivencia putrefacta del capitalismo ante las amenazas revolucionarias.
Venezuela ha sido la nueva víctima de ese proceso de imposición fascista, recibiendo una acción del imperialismo de EE.UU. con gran violencia militar en un primer momento y un chantaje agresivo, con apropiación de recursos y mantenimiento del bloqueo parcial después.
Este tipo de acción puede estar iniciando una nueva forma de repartirse el mundo entre las potencias y los monopolios, ya no solo asumiendo regiones o países completos, sino también pudiendo coincidir con sus empresas en un país, asumiendo sus monopolios áreas estratégicas del mismo, preservando o aumentando sus inversiones sin caer en una situación de guerra abierta inmediata entre ellos y dándose seguridad mutua, tal vez temporal. Para eso requieren ciertamente unas condiciones especiales de ubicación y enlaces diplomáticos, como también cooperación de cipayos a lo interno del propio país objeto del reparto.
Es muy importante para los marxista leninistas reflexionar sobre el significado del ataque del 3 de enero, ya que esta fecha marca un nuevo hito en la historia moderna de Venezuela y la región, que apenas empieza a desarrollarse, más impactante aún que la acción extranjera de 1902 contra Cipriano Castro, porque ahora, en 2026, "la planta insolente del extranjero" no sólo pisoteó el suelo patrio, sino que además asesinó a civiles que dormían en sus casas, jóvenes militares venezolanos en el principal cuartel militar del país e internacionalistas cubanos invitados legalmente por el gobierno a estar en nuestro territorio, además secuestró al presidente de la República y su esposa en flagrante violación de todas las normas de convivencia entre naciones generando un sometimiento chantajista que en 1902 no fue permitido por los patriotas de aquella época que salieron en masa contra el agresor extranjero.
En la población en general existe gran confusión, ya que era de esperarse, en caso de agresión militar, una importante respuesta regular e irregular, que haría imposible o muy costosa para el atacante su acción violenta contra Venezuela, y más bien se plantea ahora el rumbo de acuerdos diplomáticos y adaptación forzada al modelo del agresor que sigue con su prepotencia amenazando y presionando.
Los hechos del 3 de enero han marcado un nuevo período del proceso revolucionario venezolano, iniciado con sangre y el heroísmo de los mártires, marcado por la llegada del fascismo a nuestras tierras y por intentos de someter a un país soberano a los designios de una potencia imperialista en una especie de imposición colonial que pretende borrar la soberanía e independencia económica, política y militar de un pueblo acostumbrado desde muchas décadas a pelear y no ser tutelado por nadie.
Es evidente que hay hechos poco claros y muchas dudas razonables, que con el tiempo se aclararán exactamente, situaciones que provocaron un daño terrible a las instituciones de la República como a la soberanía nacional, no sólo al presidente y a la FANB sino también a todo el gentilicio venezolano, al proceso bolivariano, a los obreros, campesinos, comuneros, a las mujeres y jóvenes, a la memoria de los revolucionarios y a los luchadores de América Latina y el mundo, impactando a todos los que creemos en la necesidad de un proceso revolucionario profundo como vía para transformar de raíz el explotador y violento modo de producción capitalista, que seguimos luchando contra los que ahora nos pretenden imponer un modelo diferente sin consultar al pueblo.
Más allá de elucubraciones, en estos momentos es necesario seguir denunciando al fascismo e imperialismo a nivel internacional; es urgente impedir que siga avanzando en el reparto de los países y sus recursos como si fueran su propiedad, aplicando la ley del más fuerte, la dictadura violenta de los capitales, que es el fascismo, enemigo jurado de la clase obrera y de los pueblos.
No debemos justificar ni legitimar su acción violenta porque, además de un acto que marcará a este pueblo de forma eterna, sería la legitimación del saqueo y la permisividad a la violación de nuestra Constitución y soberanía, como la de otros países de la región.
Llamamos a los demócratas, revolucionarios, patriotas, a los verdaderos bolivarianos, a preparar la resistencia para hacer realidad la palabra y planes propuestos por el comandante Chávez en caso de una agresión imperialista.
Para abordar las tareas revolucionarias del período que se abre, llamamos a nuestros amigos a nivel internacional a activar todas las vías de la solidaridad con el pueblo de Venezuela que resiste y lucha e impulsar la construcción del Frente Popular Antifascista y Antiimperialista Internacional para coordinar acciones, a fortalecer el Frente Antifascista Internacional y desarrollar todas las iniciativas posibles de solidaridad, resistencia y lucha contra tan nefasto enemigo.
A nivel nacional proponemos defender la soberanía expresada en la Constitución (CRBV), las leyes, luchar por la liberación nacional y la democracia popular.
Seguir trabajando por lograr la soberanía alimentaria e industrial basada en la producción nacional con el apoyo a pequeños y medianos productores, campesinos y pescadores.
Mantener la actividad de consejos comunales y comunas, con los proyectos a ser financiados.
Avanzar en la actividad sindical, defensa de derechos laborales y lucha por el salario.
Debemos tener en cuenta que estamos bajo una ofensiva fascista imperialista y que para enfrentarla es necesario un programa de resistencia concreta que vaya más allá de las ilusiones mediáticas, trabajando por la unidad popular, porque el enemigo podrá hacer muchos ofrecimientos, pero su verdadero objetivo es someter al pueblo trabajador, acabar con las ideas revolucionarias y apropiarse de las riquezas.
La consolidación de la organización revolucionaria del pueblo, la alianza Obrero, Campesina y Comunal así como la acción permanente por el control territorial y la autonomía popular, son las bases para la resistencia ante la ofensiva fascista imperialista del momento.

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