martes, 27 de octubre de 2026

Pronunciamiento de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas Leninista


La juventud se levanta contra las políticas de los capitalistas

Las calles y plazas de Europa y de otros continentes son escenario de una oleada de protestas juveniles. En las últimas semanas se han registrado movilizaciones en más de 25 países, expresión de un descontento que, aunque parte de reivindicaciones materiales concretas, refleja contradicciones sociales profundas que responden a la naturaleza del sistema capitalista-imperialista imperante.

La juventud ha vuelto a situarse en la primera línea de la lucha. En Francia, las protestas estudiantiles contra el deterioro de la educación, la falta de docentes y los recortes presupuestarios dieron paso a movilizaciones más amplias, con la incorporación de universitarios, maestros, trabajadores y otros sectores populares. La consigna «¡Presupuesto para la educación, no para las armas!» sintetiza una cruda realidad: mientras los gobiernos incrementan el gasto militar, reducen los recursos destinados a atender las necesidades de la población. Esos mismos reclamos levantan los jóvenes en otros países.

El alto costo de la vida, los bajos salarios, el desempleo, la precariedad laboral y las dificultades para acceder a la vivienda y a los servicios públicos afectan particularmente a los jóvenes, pero también a sus familias y al conjunto de los trabajadores. No se trata de problemas aislados ni de errores circunstanciales de los gobiernos. Son consecuencias de un sistema que existe para garantizar la acumulación de ganancias del capital por encima de las necesidades humanas.

La amplitud y combatividad de estas protestas tienen un significado político que va más allá de las reivindicaciones inmediatas. La juventud no se limita a expresar inconformidad: comienza a reconocer, a través de su propia experiencia, que sus problemas están relacionados con las políticas de los gobiernos y con las condiciones sociales que impone el capitalismo. Cuando los estudiantes salen a las calles, cuestionan los recortes educativos y encuentran en los trabajadores aliados para enfrentar el encarecimiento de la vida, se crean condiciones para que las demandas particulares converjan en una lucha más general contra la desigualdad y la explotación.

Esto no significa que todos los participantes hayan desarrollado una conciencia anticapitalista ni que exista ya una orientación política común. La conciencia de las masas se transforma en medio de la lucha, a partir de la experiencia, la confrontación con el poder y la comprensión de las causas de sus problemas. Precisamente por ello, estas movilizaciones constituyen un terreno importante para la acción de nuestros partidos y de las organizaciones revolucionarias: vincular las reivindicaciones inmediatas con una explicación de sus causas estructurales y contribuir a que la indignación se convierta en conciencia y organización.

En Albania, las protestas también tienen altos niveles de combatividad, y las reivindicaciones inmediatas de los estudiantes se han extendido a principalizar la exigencia de renuncia del primer ministro. En Italia, Bélgica, Serbia, Portugal, Grecia, entre otros, las movilizaciones cuestionan los bajos salarios, el encarecimiento de la energía y la insuficiencia de los servicios públicos. En España, las dificultades para acceder a una vivienda digna han llevado a miles de personas a protestar contra los monopolios inmobiliarios y las autoridades responsables de sus políticas. En Chile y Argentina el movimiento estudiantil ha puesto a sus respectivos gobiernos contra la pared.

Los estudiantes están aprendiendo a pelear y también están reconociendo el carácter coercitivo del Estado. Los gobiernos y los medios oficiales de comunicación no solo han actuado para desprestigiar las protestas, también la lanzado una brutal represión que, no obstante, su intensidad, no ha apagado la lucha.

Los cientos de miles de estudiantes en las calles cuestionan —en los hechos— la idea de que el avance de la derecha significa necesariamente un retroceso irreversible de la lucha popular. Que las fuerzas conservadoras ganen espacios institucionales no significa que hayan conquistado la conciencia de los trabajadores y de la juventud. El descontento acumulado puede expresarse en resistencia, organización y movilización, incluso en escenarios donde la derecha parece fortalecida.

Por supuesto, esa inconformidad no conduce automáticamente a posiciones revolucionarias: también puede ser canalizada por fuerzas reformistas o reaccionarias si las organizaciones de izquierda no logran ofrecer una alternativa política clara.

Por eso, la tarea no consiste únicamente en respaldar las protestas, sino en contribuir a su desarrollo político, fortalecer los vínculos entre estudiantes y trabajadores y promover la organización independiente de las masas. Se trata de defender las reivindicaciones inmediatas y, al mismo tiempo, demostrar que la educación, el empleo, la vivienda y una vida digna no pueden garantizarse mientras los intereses de la mayoría estén subordinados a las ganancias de una minoría.

La juventud que hoy se levanta demuestra que las contradicciones del capitalismo generan resistencia. El desafío para nuestros partidos es contribuir a que esa energía combativa no se agote en protestas episódicas, sino que se transforme en conciencia política, organización y fuerza capaz de disputar el poder a las clases dominantes.

Comité Coordinador

Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas

CIPOML

Octubre de 2O26

 

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