El 23 de septiembre de 2026 pasará a la historia del mundo, y especialmente a la historia de Venezuela, como el día de la entrega pública de la dignidad de un gobierno, donde la representante de un país de manera notoria va al "auditorio de la legalidad mundial" a refrendar una política que elimina el discurso antifascista y antiimperialista, omite la denuncia clara y abierta contra la agresión imperialista del 3 de enero y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, y si esto no fuera suficiente, se tomó un tiempo para agradecer al verdugo que la humilla y roba las riquezas de su pueblo. Un discurso que pone a un país a los pies del capital financiero y del fascismo que en estos momentos desarrolla con particular ferocidad una política de control y sometimiento de los pueblos de América Latina y el mundo.
Esa dignidad perdida solo podrá ser rescatada por el pueblo organizado. De manera oficial, la presidenta encargada se limitó a agradecer de forma especial al agresor imperialista que asesinó a sus compatriotas y sometió por años al país a sanciones que hasta la fecha de hoy no han levantado y que humillan a su pueblo, asumiendo así una conducta contraria a la asumida otrora por el presidente Chávez, el cual de manera clara, frontal y sin ambigüedades denunció en ese mismo escenario al imperialismo yanqui por sus crímenes contra la humanidad.
Es un comportamiento indigno asumir un discurso donde no hubo la denuncia ni condena de la sistemática agresión y despojo de las riquezas del país bajo asedio continuo desde hace décadas, acelerado y profundizado luego del 3 de enero.
El discurso oficial del gobierno de Venezuela, asumido en voz de Delcy Rodríguez, ha puesto sobre la mesa una política de traición y la violación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a extremos propios del comportamiento de la pequeña burguesía acomodaticia y cobarde, que en su deseo de agradar las exigencias de los círculos imperialistas y sus agentes internos asume una actitud sumisa y deja en el olvido el discurso y una serie de políticas soberanas y antiimperialistas construidas en el marco del proceso bolivariano.
Es importante destacar que el discurso en la ONU expresado en voz de la presidenta encargada Delcy Rodríguez aclara con impactante claridad que la política antifascista y antiimperialista ha sido echada a un lado y se hacen más esfuerzos por asegurar medidas complacientes con el agresor imperialista, llegando incluso a tomar acciones que se constituyen en violación de la Constitución y traicionan al pensamiento antiimperialista y bolivariano que se ha construido en décadas de lucha.
También es importante resaltar en qué contexto se dan estas declaraciones:
Estamos en un momento donde la agresividad del bloque imperialista EE. UU.-U.E., con su base fascista-sionista, se expresa en la expansión de agresiones y guerras contra diversos pueblos, en búsqueda de apropiarse de los recursos energéticos y tratar de superar su profunda crisis.
Es inconcebible que el gobierno venezolano de hoy sirva a los imperialistas, fascistas, sionistas dirigidos por Trump, entregando petróleo, gas, oro, aluminio, hierro y otras riquezas para financiar la agresión de una potencia agresiva, que aprovecha esos recursos para someter a otros pueblos por medio de la guerra, por lo que, al final de cuentas y más allá de los discursos, en lo concreto la política asumida termina favoreciendo la agenda guerrerista del imperialismo sionista y el discurso de paz queda en retórica oportunista que, bajo la excusa de la diplomacia, mantiene la forma, pero ha cambiado el contenido del discurso antifascista y antiimperialista por una acción de apoyo real a las agresiones, ocultándose en la supuesta conciliación y diplomacia para restaurar la política de sumisión proyankee tan defendida por María Corina Machado y los enemigos del proceso popular bolivariano, política con la cual históricamente la burguesía ha asegurado grandes beneficios para el capital financiero en detrimento de la soberanía nacional, la autodeterminación, deteriorando las condiciones de vida de nuestro pueblo, como ya podemos vivir.
