Todo este movimiento acelerado exacerba la contradicción capital-trabajo a niveles y formas que exigen de las fuerzas revolucionarias el desarrollo de capacidades orgánicas sólidas, capaces de soportar las más feroces embestidas de las organizaciones capitalistas que han sofisticado de manera exponencial sus aparatos e instrumentos de dominación.
Para lograr sus objetivos de expansión del dominio económico, político, militar y cultural, los imperialistas han recurrido a su instrumento más agresivo, criminal, sanguinario: el fascismo; cuyas expresiones en todos los sectores y todos los niveles se levantan en estos momentos sobre la bancarrota de algunos proyectos democráticos reformistas, destacando las experiencias caracterizadas por cumplir un papel de amortiguador de los choques de clases, comportamiento que no puede mantener por mucho tiempo sin desgastarse hasta perder la capacidad de maniobra y quedar tan débil que pierde el encanto entre las masas populares y abre paso a las disputas de estas por parte de las expresiones más beligerantes del proletariado o la burguesía, a saber, las organizaciones fascistas encarnando el proyecto de la burguesía parasitaria, el dominio del capital financiero o bien el proyecto de una parte de las fuerzas populares y el proletariado: la revolución proletaria, el socialismo que comporta, como sabemos, la destrucción del aparato estatal que sirve de instrumento de dominación sobre millones de seres humanos y construir el nuevo Estado, el de la democracia proletaria que comporta la puesta en marcha de la capacidad orgánica, creadora, de las mayorías explotadas y oprimidas para su liberación. I
Las fracciones más reaccionarias de la burguesía tienen entre sus objetivos centrales el tratar de aniquilar la capacidad orgánica de lucha del proletariado. Entre tantas tácticas empleadas para este fin, la estimulación del fanatismo fundamentalista religioso es un instrumento que le ha asegurado resultados en favor de sus propósitos en el plano político en la actualidad y que no debemos perder de vista en su desarrollo, pues ha sido muy útil a la táctica de fascistización que vienen aplicando los elementos más reaccionarios del capital, obteniendo resultados en el plano económico, político y militar.
Estas victorias parciales no les aseguran a los halcones imperialistas ni mucho menos la pasividad de los pueblos y los trabajadores. Una muestra de esto lo podemos ver en las recientes manifestaciones que se han llevado en Francia, España, las movilizaciones en Argentina, en los mismos EE. UU., demostrando la disposición de lucha de una parte de los pueblos que asume que las posibilidades de mejores condiciones de vida pasan por doblegar los mecanismos de dominio y opresión que ejecutan los gobiernos de turno que ejecutan las agendas encomendadas por los dueños del capital.
La multiplicación de la ofensiva del imperialismo yankee sobre territorio de Medio Oriente y en América Latina nos muestra cuál es su prioridad en la actualidad para imponer su dominio en dirección a extraer la mayor cantidad de recursos, apoyándose en la explotación de una fuerza de trabajo barata, materias primas obtenidas a precios irrisorios de la mano de lacayos serviles dispuestos a negar los intereses de sus propios países siempre y cuando los imperialistas les aseguren un pedazo del pastel a repartir.
Para afianzar su dominio sobre América Latina, ha recurrido a la manipulación propagandística electoral, al empleo de grupos fundamentalistas religiosos que acompañan determinadas fórmulas electorales, además de las ya trilladas declaraciones de “libertad” y respaldo abierto por parte de los fascistas de la Casa Blanca, los cuales de manera descarada se han involucrado en diversas formas en las campañas electorales de diversos países en América Latina, logrando influir a través de diversos mecanismos sobre los resultados electorales.
La alianza entre diversas expresiones fundamentalistas religiosas, en algunos casos incluso la fusión entre estas, la podemos notar en experiencias como Siria, donde un connotado terrorista, asesino, ahora es un ejemplo de “democracia”, la cual ofrece exportar miles de combatientes a los países aliados de los EE. UU., como Arabia Saudita, para que intenten frenar a los combatientes yemeníes de Ansar Allad que le están propinando duros golpes a la monarquía saudí, la cual es parte aliada del imperialismo yankee en la agresión de los pueblos en esa zona del planeta.
También los imperialistas, en particular los yankees, han dejado quietos a los talibanes en Afganistán, luego de invadir a ese país supuestamente para “eliminar” la amenaza terrorista. Es claro que no lograron el objetivo, y ahora, luego de abandonar en años anteriores a ese país de manera vergonzosa, ¿Quién gobierna? Los talibanes, pero ya no importa mucho este aspecto para los imperialistas, pues ya robaron durante y ahora no tienen
Destacamos que, aunque continúa la presencia y las acciones del imperialismo yankee en el Medio Oriente, es evidente que concentra buena parte de su atención en desarrollar diversas tácticas y mecanismos para fortalecer y consolidar su dominio sobre América Latina, lo que consideramos de parte de nuestro partido como un dato muy relevante a la hora de elaborar las conclusiones sobre la política que determinará en diferentes formas y niveles la ruta de acción de los trabajadores y los pueblos en la lucha antifascista, antiimperialista y antisionista en el futuro inmediato.
También es importante resaltar el papel que hoy desempeñan países como Burkina Faso en proceso de reanimación de la lucha antiimperialista en un continente como África, un continente donde parte de su territorio expresa la decadencia de un país imperialista, Francia, perdiendo hegemonía e influencia en un continente donde hace unos años atrás dominaba con claridad y que en la actualidad ha sufrido derrotas que lo han debilitado hasta el punto de tener que evacuar sus tropas de territorios como Burkina Faso.
Esta situación es expresión de un proceso con connotaciones de liberación nacional que se va convirtiendo en una referencia que, si se aseguran victorias, podrá influenciar a otros países y pueblos del continente. He aquí parte de la importancia que comporta en la actualidad esta experiencia.
La inteligencia artificial, una expresión del desarrollo de las fuerzas productivas y un escenario donde se exacerban las contradicciones interimperialistas.
La incorporación de los avances tecnológicos, particularmente los relacionados con la llamada inteligencia artificial, ha impactado de manera evidente en la actividad productiva del complejo industria militar.
Industrias relacionadas con este sector, como Palantir, Dynamic y Lockheed Martin, por mencionar solo algunas de las más resaltantes, han experimentado un crecimiento importante de sus operaciones y de sus ganancias. Este crecimiento tiene sus causas fundamentales en el actual proceso de expansión de la guerra y actividades relacionadas con ella de manera directa, como la inteligencia militar y el espionaje.
Detrás de estos factores están los halcones del imperialismo y de una de sus fracciones más violentas y sanguinarias, el sionismo. Cuentan con un poderoso músculo financiero, militar y propagandístico. Concatenando estos tres aspectos, han logrado el dominio de amplios espacios que han influenciado incluso a sectores populares con instrumentos como las organizaciones religiosas e intelectuales.
Algunos factores del movimiento popular han asumido enfrentar la aplicación de la inteligencia artificial desde un punto de vista que podemos conceptualizar de neoludismo, pues ven el problema del desarrollo tecnológico como amenaza a la estabilidad laboral y social; asumen que el desarrollo de la tecnología es la culpable de la eliminación de millones de puestos de trabajo y no ven que la esencia del problema está en el sistema capitalista en su etapa imperialista, el que comporta una amenaza al orientar el uso de la llamada inteligencia artificial para multiplicar la extracción de plusvalía, sometimiento de los territorios y los pueblos bajo mecanismos de control donde se controlan los territorios en función de los intereses de las grandes transnacionales; se expande la guerra, lo que ayuda a consolidar el dominio de los ejércitos convencionales y privados dirigidos por los halcones imperialistas para alcanzar sus objetivos en el marco del reparto del mundo.
Por lo tanto, es claro que el desarrollo de la inteligencia artificial en el marco del sistema capitalista será utilizado en la época imperialista, en función de su premisa de garantizar la máxima ganancia. Ahora bien, para garantizar la máxima ganancia, implica intensificar o prolongar la explotación del trabajo; en la primera, la inteligencia artificial puede cumplir una función muy destacada. La extracción de plusvalía no desaparecerá, se multiplicará y los poderosos círculos del capital financiero orientarán sus actividades a sectores donde el trabajo asalariado concentrará su crecimiento con formas modificadas en tiempo y espacio.
Esto comporta un reto para el movimiento revolucionario en general y para el movimiento de los trabajadores en particular, ya que es claro que se expandirán y multiplicarán los conflictos por diversas causas relacionadas con las afecciones que sufrirá la fuerza de trabajo en este proceso, y esa relación directa de la industria militar con el desarrollo de la guerra implicará que la lucha por la paz necesariamente pase por incrementar la lucha contra el capital que la sustenta, y este fenómeno en su desarrollo exige que identifiquemos con precisión los diversos eslabones que definen el carácter particular de la lucha de clases en los actuales momentos.
América Latina, escenario de fascistización en ascenso, apoyada sobre la dinámica electoral.
Se ha llevado a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil; por ahora, el candidato de la derecha, con claro apego a visiones de carácter fascista, tiene la delantera. Es importante tener en cuenta: hablamos de la primera economía en América Latina, país más extenso en lo territorial, potencia militar, tecnológica, características que no son menores a la hora de evaluar los impactos que tienen los hechos económicos, políticos y sociales que se generan en este país con el resto del continente y en el mundo mismo. Este impacto además comporta fenómenos y elementos que deben ser analizados y comprendidos en su carácter; si lo sumamos al hecho de que un abierto apologista del fascismo como Flavio Bolsonaro ha obtenido una clara victoria en esta primera vuelta que, de llegar a concretarse en pocas semanas en victoria definitiva en segunda vuelta, implicaría que casi la totalidad de América del Sur estarían sometidos bajo gobiernos cuyos presidentes y organizaciones que los respaldan están caracterizados por vinculación estrecha con factores y la agenda fascista que hoy se desarrolla en el continente.
El hecho de que se estén consolidando proyectos políticos de tendencia fascista en Suramérica y estos tengan una puerta de entrada a través de procesos electorales, a su vez comporta que una parte de los pueblos ha sido captada por un discurso que apela a una señalización manipuladora de la precarización de las condiciones de vida de millones de trabajadores. También sabemos que los mecanismos de fraude y de manipulación de los resultados con participación de las empresas tecnológicas vinculadas a los candidatos proimperialistas también han sido en algunos casos determinantes; es de resaltar que el discurso utilizado en las campañas electorales de los candidatos imperialistas también ha comportado la propuesta de aplicar mecanismos leoninos de explotación y opresión sobre las masas populares y abiertamente anuncia que su prioridad es el fortalecimiento del poder y el dominio de las asociaciones imperialistas en la vida y funcionamiento de cada país.
Prometen beneficios a los trabajadores, pero bajo premisas de que lo más importante es garantizar las mejores condiciones de explotación para los capitalistas, lo que al final implica que dichos beneficios serán reducidos al mínimo en la realidad. Hablan de modernizar el Estado, de reducirlo a su máxima expresión, lo que en la práctica se traduce en eliminación de gran cantidad de puestos de trabajo, desatención a la educación pública para privilegiar el fortalecimiento de las iniciativas de privatización de la educación, igualmente con la salud, servicios públicos, al tiempo que hablan de militarizar y ser más agresivos para enfrentar los conflictos sociales, entre lo que, por supuesto, se entiende que las movilizaciones populares, de trabajadores, campesinos, etc., en lucha por sus derechos serán reprimidas con mayor fuerza.
Sin embargo, aun así, con los voceros de estos proyectos políticos expresando con claridad sus intenciones de hacer a los pueblos esclavos del capital con sus maquinarias propagandísticas y de manipulación, han logrado arrastrar a buena parte de la población para que los respalden en sus programas fascistoides.
Es claro que parte de este ascenso de las propuestas de la extrema derecha en el continente ha ido de la mano con la inconsecuencia, el oportunismo de los gobiernos de carácter progresista caracterizados por la aplicación de programas reformistas, que se estancaron o retrocedieron cuando, respaldados por una buena parte del pueblo, las circunstancias los pusieron en la disyuntiva de avanzar con las fuerzas populares en las transformaciones de contenido y golpear a las estructuras capitalistas, trascender a culminar tareas propias de liberación nacional y avanzar hacia el socialismo o retroceder. ¿Ante esta encrucijada histórica, qué hicieron estos gobiernos? Retrocedieron, optaron por acuerdos cuyo contenido los iba alejando sostenidamente de las fuerzas populares y el apoyo de las masas iba en decadencia, dando así paso a que esos procesos entraran en descomposición y crisis expresadas en disminución de las condiciones de vida de los trabajadores y los pueblos. Llevando a cabo acuerdos con los sectores políticos que ellos mismos cuestionaron, a la vez que sectores de estos gobiernos iban frenando todo tipo de iniciativa que golpeara de manera determinante a las estructuras capitalistas.
Al detenerse sobre las limitaciones de la institucionalidad burguesa, estos proyectos tocaron su techo y comenzaron un descenso en la aceptación popular; esto, sumado a las ofensivas mediáticas permanentes del imperialismo fascista y sus lacayos, llevó a los proyectos socialdemócratas como el socialismo del siglo XXI y otros de corte progresista a experimentar importantes derrotas electorales. Sin embargo, siguen conservando aún una fuerza de movilización popular que, aunque disminuida, sigue siendo muy importante, aunque insuficiente para mantener el control de los gobiernos en sus respectivos países.
Es claro a su vez que esto es una parte del fenómeno; los ML en particular y la izquierda revolucionaria en general, que se deslinda del reformismo, hemos carecido de la suficiente fuerza y asertividad de nuestras tácticas para poder neutralizar la creciente influencia de las fracciones más reaccionarias del capital expresadas en la ultraderecha y el fascismo en la escena política ideológica de América Latina. Eso comporta un ejercicio muy serio y honesto de autocrítica, de análisis sincero, para detectar las causas de nuestras debilidades, identificar las formas precisas y adecuadas para reorganizar y recomponer nuestras fuerzas, conscientes de las inmediatas batallas que están tocando a la puerta. Es un momento donde las pequeñas, medianas y grandes victorias que podamos alcanzar junto a esa parte de los pueblos que resiste y lucha, al tiempo que
Ganamos terreno en concientizar y convencer a quienes han sido presas del engaño propagandístico de los agentes del capital; son urgentes y necesarias.
Venezuela entre el laberinto del discurso y la realidad concreta.
Luego de los hechos del 3 de enero, las tácticas de agresión económica, política y militar que venían aplicando las fuerzas imperialistas sobre Venezuela se reorganizaron y se cualificó con la presencia directa de las fuerzas imperialistas en el territorio.
Las agencias de inteligencia ahora no solo se limitan a operaciones encubiertas, sino que hasta se dan el lujo de identificarse como tales en parte del territorio venezolano. Igualmente, los representantes de negocios, energía y petróleo del imperialismo yankee vienen a dejar muy claras las pautas con las cuales el imperialismo yankee se propone ejecutar el saqueo de los recursos de Venezuela en función de fortalecer su agenda guerrerista internacional. También han tenido entrada formal organismos como el Fondo Monetario Internacional, cuyos nefastos mecanismos, que impactaron negativamente la vida económica del país, conocimos en décadas de gobiernos proimperialistas dirigidos por Acción Democrática y COPEI.
En otras palabras, organismos y relaciones cuyas imposiciones en años anteriores contribuyeron a desgarrar el aparato económico del país y destruyeron las condiciones de vida de los trabajadores en Venezuela, ahora son presentados como un logro muy “beneficioso” por parte del gobierno encargado, además con el añadido de que tenemos que asumir que todo esto apoyado por el imperialismo yankee el cual ha encabezado por décadas toda una ofensiva dirigida a destruir las bases de la economía, la convivencia, la sociedad en el país, y ahora se viste de “buena voluntad” e invade con sus industrias y se apodera de los negocios claves en energía y petróleo, energía eléctrica, dicta parámetros para cambios legales y todo esto ahora se nos quiere convencer que es en favor de los venezolanos, y que traerá “prosperidad y beneficios”. ¿Y hace falta algo más para consolidar esta ruta de la “prosperidad” trazada por el imperialismo yankee? (El mismo que ha auspiciado las criminales sanciones contra el país). Sí, cumplir los lineamientos imperialistas de desmontaje y desarticulación del proceso bolivariano a través de maniobras políticas, legales, propagandísticas, etc., entre estas sustituir las imágenes de Chávez y Maduro de algunos sitios centrales, evitar consignas antiimperialistas, eliminar las restricciones y desventajas legales que tienen los consorcios capitalistas construidas en el marco del proceso bolivariano para echarlas al baúl del pasado como caducas, inadecuadas para el “renacimiento” que emerge con aplausos y reconocimiento del imperialismo yankee.
De una frase que interpretó el sentimiento de millones de explotados y oprimidos en el planeta, como huele a azufre pronunciada por Chávez en el discurso en la ONU, denunciando los crímenes del imperialismo defendidos por el presidente de los EE. UU. en turno, George Bush, contra los pueblos del mundo, hemos pasado a un discurso de agradecimiento al agresor, además de silencio ante el secuestro del presidente constitucional del país y de sumo cuidado diplomático en no mencionar los crímenes del imperialismo y privilegiar discursos generales que no precisan sobre responsabilidades del imperialismo sobre el desastre económico, político, social, ambiental que vive el mundo en la actualidad, una característica que mantuvieron como centro de la política bolivariana internacional el Comandante Chávez y Nicolás Maduro como elemento estratégico y no solamente táctico.
Se ha pasado a ser una referencia de lucha y alternativa internacional reconocida por los pueblos que resisten y luchan contra el imperialismo, que por tal motivo éramos objeto de todo tipo de ataque y de señalamientos negativos por parte de los voceros imperialistas, centro de laboratorios de falsos positivos a ser ahora referencia de gobiernos que no contradicen en ningún escenario mundial los planteamientos económicos, políticos y sociales que levanta el imperialismo yankee como ruta para establecer su dominio sobre los pueblos del mundo.
A este aspecto de la política internacional debemos agregar lo que ha comportado el contenido del discurso de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, en la Asamblea número 82 de FEDECAMARAS. La mesa de diálogo, consenso laboral y el nuevo modelo laboral son expresión de una dinámica de cambios que van construyendo las condiciones que se comportan como catalizadores de los cambios mediante los cuales se van concretando el reacomodo de las fracciones de la burguesía en el país y su papel de servir a los intereses del imperialismo yankee con diferentes motivos, pero en la misma dirección: asegurar la hegemonía económica y política bajo la tutela del imperialismo yankee en el país.
Aquí está un aspecto central a resaltar: hay un cambio estratégico en la política nacional e internacional manifestado con claridad luego de la agresión imperialista del pasado 3 de enero. Bajo la consigna del renacimiento, se han relegado símbolos, consignas, discursos, políticas y se ha privilegiado la agenda de los negocios, de la apertura comercial, del asistencialismo, del desmontaje de los planteamientos revolucionarios, y la lucha antiimperialista ha sido relegada de los discursos de los altos dirigentes del gobierno, con excepciones donde se hace mención a la lucha antiimperialista, pero se termina refrendando la política colaboracionista con el imperialismo yankee.
¿Puede enfrentarse con éxito la lucha antiimperialista? ¿Puede defenderse los intereses de los trabajadores, campesinos y sectores populares de manera consecuente, conciliando elementos estratégicos con el imperialismo?
La respuesta que nos ha proporcionado la larga historia de combate de los explotados y oprimidos es clara: no se puede.
En este sentido, debemos asumir que las contradicciones de clase se agudizarán, aumentarán los conflictos laborales, las movilizaciones populares, se intensificará la lucha política e ideológica, lo que exige una gran conciencia del momento político, de que vivimos un momento particular de la humanidad misma, donde las contradicciones propias de la época imperialista han llegado a unos niveles de desarrollo que van a decantar o bien con la consolidación de la política fascista impuesta a sangre y fuego contra los trabajadores, los pueblos que resisten y luchan, o los trabajadores y los pueblos avanzan asegurando triunfos en la lucha por sus derechos, condiciones de vida, el salario, lo que debe estar vinculado al final de cuentas a la lucha contra el imperialismo, el fascismo y el sionismo, por la liberación nacional y el socialismo.
Es necesario resaltar que, para poder asegurar las mejores condiciones posibles de las organizaciones proletarias y populares en el escenario de lucha que se avecina, es necesario comprender la importancia de preservar, cualificar, reorganizar, reorientar y reanimar la capacidad de movilización, dirección para la lucha en los diferentes sectores en un momento caracterizado por el reacomodo de las fuerzas políticas revolucionarias y contrarrevolucionarias en nuestro país, con una parte de las masas mostrando escepticismo, otra rechazo a lo que entiendan como revolución, otra sustentando el discurso de que todo vale, incluso suscribirse a una política proimperialista, siempre y cuando se mantenga cierto control (aunque sea tutelado) del gobierno, y otra parte del pueblo clamando por recuperar una línea revolucionaria, antiimperialista de la política en lo nacional e internacional.
El escenario es complejo, pero a su vez comporta un momento interesante porque se perfila un salto cualitativo en el movimiento político e ideológico en el marco de la lucha de clases. Solo leyendo con asertividad los escenarios que esto comporta en lo económico, político, social, caracterizando con precisión desde el punto de vista de clase la composición y comportamiento del actual gobierno y las organizaciones políticas en Venezuela.
Parte de la burguesía tradicional, junto con la emergente, ha superado algunas de sus contradicciones para llegar a acuerdos y asegurar el avance mutuo, conformando una política que coincide en abrir espacios y permitir el control del imperialismo yankee sobre puntos muy importantes de la actividad económica y política de nuestro país.
En este proceso de acuerdo burgués, parte de las fracciones pequeño burguesas que se mostraban radicales defensoras del proceso bolivariano han privilegiado adoptar una línea de resguardo de sus intereses orgánicos, adaptándose a la política diseñada por la dirección del alto gobierno descrita con suficiente claridad en líneas anteriores. Parte de las bases de estas organizaciones, sin embargo, se han mostrado contrarias al comportamiento de sus dirigencias. De otro lado, fracciones de la burguesía y pequeña burguesía organizadas en la oposición expresan un acuerdo con el gobierno a cambio de mayores cuotas de poder institucional.
El movimiento político en general en nuestro país está experimentando un acelerado reacomodo. Este reacomodo se orienta a la restauración de algunos mecanismos, políticas y visiones institucionales propias de lo que llamamos la 4.ª República, lo que amenaza la continuidad del proceso bolivariano de construcción popular que buena parte de los trabajadores y el pueblo consideran necesario sostener, con la claridad de que su desmontaje solo favorece la agenda del gran capital y, por ende, traerá más temprano que tarde las ya conocidas consecuencias negativas sobre las mayorías.

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